Argumentación.
La trayectoria artística de Eloy Tarcisio (México, D.F. 1955) cuenta con más de treinta años de trabajo concentrado. A lo largo de ese tiempo, su quehacer creativo lo ha posicionado como un autor que, una vez dispuesto a superar el modelo educativo con el que se formó en la Esmeralda a principios de los años setenta, se interesó en encontrar formas experimentales de investigación y factura estética. La propuesta elaborada por Tarcisio ha movilizado procedimientos dentro de un concepto abierto y versátil de las artes plásticas, lo cual nos permite afirmar, sin lugar a dudas, que las obras, artefactos y eventos que ha inventado pertenecen más exactamente, al campo que la crítica y la teoría han denominado artes visuales.
Ahora bien, desde la óptica del registro de publicación, la obra de Tarcisio se manifiesta en la imagen con soporte y en la que aparece en entornos concretos. Por lo que respecta al primero de estos registros, el trabajo se compone de pintura convencional en la tradición tardomoderna, de visualidad postpictórica, de neográfica y dibujo intelectual, de escultura diversa y de fotografía y video experimentales. En cuanto al segundo de los registros antes mencionados, su realización opera en la pintura literal, en el performance efímero y documentado, en ambientaciones, instalación e intervencionismo. Para los últimos cuatro casos, es necesario señalar que las piezas funcionan a partir del principio de sitio específico. Y, en general, debe entenderse que la poética conceptualista de nuestro autor ha tenido como centro de operaciones la disciplina de la pintura.
Por lo que toca al imaginario y referentes mentales de Tarcisio, puede decirse que la necesidad de abrir todavía más la vocación internacionalista de la estética de la Ruptura, lo llevó a conectarse con pintores como Soulages y Motherwell, cuya acción tuvo mucho que ver, por cierto, con un énfasis en el valor procesual -performático- del cuadro. Al mismo tiempo, nuestro artista consideró imperativo echar una mirada hacia los repertorios icónicos de lo nacional, para recuperar y contemporizar las conclusiones alcanzadas por los discursos de la ontología del mexicano, siempre y cuando la recurrencia no implicara una visitación derivativa e inerte de los programas iconográficos de la llamada Escuela Mexicana y sí una nueva posibilidad de enunciar poéticamente, un carisma local construido- en una nueva perspectiva- bajo los estatutos del arte conceptual histórico y del neoconceptualismo contemporáneo. En este sentido, el discurso visual de Tarcisio ha venido configurando un universo trágico y sublimado que debe entenderse a la manera de una afirmación del ser mexicano en relación con los contextos globales.
El centro de la argumentación curatorial de la exhibición antológica de Eloy Tarcisio, está referido a algunos tópicos discutidos por las teorías de la desorganización positiva del cuerpo del ciudadano y de la producción cultural, asumidas y practicadas por múltiples comunidades de pensadores y soñadores al interior de la dinámica social contemporánea. En los entornos analíticos de dichas teorías y acciones, nos atrae, en concreto, la energía que irradian las ideas y prácticas acerca del sostenimiento del deseo en una dimensión antiproductiva que es elegida, en libertad, por un sujeto o mecanismo dados. En otras palabras, la selección de obra para la muestra se encuentra referida a una característica presente en una zona considerable, del cuerpo siempre seminal de imágenes escatológicas creado por Tarcisio, pero legible exponencialmente, a través del pensamiento que apuesta por el desapego proactivo, entendido este último como una manera incansable de ser y de hacer, más allá de los estigmas con que la historia de un país haya marcado a sus actores civiles y a sus figuras institucionales.
Todo lo anterior se fundamenta en las nociones de paisaje y sujeto en estado límite, que levantó la imaginación de Eloy Tarcisio para México desde principios de los ochenta. En consecuencia, las propuestas que hay en su construcción de una herida mexicana lúcida, reflejan de manera evidente y activa mucho de lo que consiguieron las tendencias artísticas radicalizantes en el dominio internacional, a partir de 1945 y hasta la época del arte posmodernista. El título sugerido para este proyecto expositivo, Herida la piel respira, reivindica la apuesta de nuestro autor por pasajes marginales de plástica caótica y desmaterializada, da cuenta exacta de sus mensajes icónicos de vitalidad individual o interpersonal, aún en la imposibilidad existencial y además evidencia el aporte de su conciencia intelectual a propósito de una mexicanidad catastrófica como conocimiento. Entonces, la selección de trabajos contempla tanto las imágenes en donde Tarcisio diseña cuerpos y objetos fragmentados o anorganizados, aquellas que desfronterizan vinculándolo, lo referencial de lo abstracto, lo figural de lo indefinido y lo pictórico distante de lo objetual envolvente, todo ello camino de una estética funcional pero al borde del colapso, así como estamos hablando de una selección que recapitula las obras que apuestan por la presentación de superficies orgánicas no deliberadamente antropomórficas o paisajísticas, aunque siempre referidas al fantasma de una corporeidad y a la prefiguración o ruina de un medio ambiente.
La decisión tomada en un principio por el Comité que revisó y recomendó la curaduría de la muestra de Eloy Tarcisio, coincidió a posteriori, con la que expresó la dirección del Museo para que la exposición se planteara en un tono antológico que arrojara claridad pública acerca de las estrategias y procesos manifiestos en la obra del artista. Y dado que el cuerpo de imágenes investigado presenta las características fundamentales de encontrarse de continuo retomado y reelaborado por un lado, y construido en arreglo serial, contextual o transitivo, por otro, pues el desafío de seleccionar trabajo de diferentes épocas coincide naturalmente con la condición de igualdad y vigencia poéticas, que tiene lo hecho por Tarcisio en el pasado en relación con sus ejecuciones recientes y últimas.
Guión Museológico.
En un primer momento museológico, la lista de obra propuesta por la curaduría reúne una colección que cuenta con un juego balanceado de variables de publicación:
Obra emblemática/ obra expuesta antes con presupuestos distintos/ obra inédita/ obra reelaborada o intervenida/ obra unitaria ensamblada en conjuntos museográficos nuevos y vinculantes (montajes de autor)/ obra para sitio específico.
La segunda esfera museológica tiene que ver con la cobertura de una cuota sintomática de variables, en este caso de representación y presentación en la obra de Tarcisio (a) y de multiplicidad de ubicaciones espaciales para la museografía (b):
a) Pintura convencional con representación virtual/ pintura de concepto ampliado con configuración matérica literal, orgánica e inorgánica (considerando en los dos rubros formato relacional cuadrangular y no cuadrangular o formato irregular)/ postpintura tridimensional/ instalación/ tridimensión escultural/ ambientación/ objeto.
b) Piezas colgadas o elaboradas en el muro del contenedor/ piezas puestas a piso y recargadas en los muros del contenedor/ piezas distribuídas en el piso/ piezas montadas en contenedores aislados/ piezas diseñadas para soporte de catálogo/ piezas exteriores a la Sala Fernando Gamboa. (Conceptualmente hablando, esta segunda esfera museológica tiene su justificación en el interés del artista por la teatralidad propia del arte desde la segunda postguerra del siglo veinte, que a su vez resultó de la tentativa de insertar, hasta cierto punto, a la imagen artística en el mismo ámbito espacial que habitan sus espectadores, olvidándose de la utopía vanguardista de crear una realidad estética nueva que uniera al arte con la vida).
El tercer momento museológico consiste en la presencia de un ensayo audiovisual de aproximadamente 10 minutos de duración, que proporcionará al público asistente a la exhibición, un show en loop con documentación de procesuales con presencia en la curaduría, obra extraestilística, preliminar y versátil de Tarcisio.