El CON-TEXTO de Sandra Ramos es La Habana, ciudad sincrética y mestiza, metrópoli versátil, multirracial y multicultural... crisol de culturas por excelencia. La obra de Sandra Ramos es una metáfora de la historia de la vida cotidiana en Cuba, un compacto proyecto intelectual autobiográfico desde el que la artista narra los avatares del “complicado” exilio externo, interno e interior. ESCAPE que plasma -por medio de la elocuente poética del naufragio colectivo o personal- en lienzos, grabados, fotografías o instalaciones. Premio Nacional de Arte Cubano en 1997, vive en La Habana y expone sus obras en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, México o Tokio. El inicio de su trayectoria artística coincide con la brutal crisis económica que sucede a la interrupción de la ayuda económica de la Unión Soviética y el embargo estadounidense tras la caída del muro de Berlín. En el campo de la creación artística, este proceso político-social conlleva la incorporación de minorías emergentes, de territorios periféricos y de áreas hasta entonces aisladas del sistema occidental.
La literatura universal, infantil y juvenil sirve de primigenia fuente de inspiración a esta artista cubana: textos clásicos -Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, Alicia en el país de las maravillas, Veinte mil leguas de viaje submarino, Peter Pan o El principito- e historiografía cubana -Liborio (Torriente), El Bobo (Abela) o El Loquito (Nuez)- confieren una sólida estructura al TEXTO que articula el peculiar lenguaje plástico de Sandra Ramos. Elementos aprehendidos del cómic y la caricatura, escenas, lugares y espacios identificables y fuertemente vinculados a la actualidad cubana, contribuyen asimismo a conformar el HIPER-TEXTO, ecléctico y fragmentario, propio de la postmodernidad.
Sandra Ramos se incorpora a la actividad profesional desde la que formula un posicionamiento crítico, expresado a través de su propio cuerpo convertido en metáfora, soporte de experiencias individuales y colectivas, specific site referencial y autobiográfico: paradigma híbrido formado a partir de su propia imagen, la Alicia en el País de las Maravillas y de un grabado en madera de la cabeza de una reina holandesa del siglo XIX, protagonista que da vida a la inocencia, los sueños y utopías de la infancia, su paulatina pérdida en la adolescencia o la comparación de ambos con la frustración de los adultos. La minuciosa y explícita elección de los títulos completa y da sentido a la lectura iconográfica de sus obras.
Sandra nos habla de la insularidad, a través del alter ego -de su infancia y adolescencia- utilizado como símbolo de su propia diáspora... La maldita circunstancia del agua por todas partes es buena prueba de ello. En esta obra gráfica la adolescente-isla se transforma en un barco suspendido, varado en pleno océano, solitario, fijado por las palmas reales, signos de identidad que la recorren de pies a cabeza inmovilizándola hasta alcanzar una extraña simbiosis con el líquido elemento.
Su cuerpo se metamorfosea en paisaje, se pliega y expande hasta que conforma un territorio que logra aferrarse al agua. Imagen obsesiva de la soledad, del aislamiento interior y colectivo. Para Sandra, el exilio se produce en doble dirección: los que se van... y los que se quedan. Y ahí está ella... como una Alicia en el País de las Maravillas, despidiéndose una y otra vez, sus encuentros y des-encuentros, soportando el peso implacable de las ausencias, de las discontinuidades afectivas que el éxodo lleva implícitas. El agua aísla pero, al mismo tiempo, posibilita el tránsito, facilita el hipotético viaje de re-encuentro con familiares o amigos, permitiendo salvar la elipsis temporal y recuperar así la memoria perdida. Por eso, también Sandra se transmuta en pájaro, símbolo de libertad, de perentoria necesidad de ir y venir sin reconocer límites ni fronteras...
El mar constituye la frontera natural de la isla, límite impuesto por la naturaleza y testigo de la muerte de muchos exiliados y emigrantes. Espacio que los más osados atraviesan con artilugios como El batiscafo, El bote o La balsa que propone la artista como medios para arribar a la otra orilla. La isla entera, enarbolando orgullosa su bandera, rema para buscar un destino mejor.