El 10 de marzo, a las 19 hrs., se inaugura en la sala 4 del Centro Cultural Recoleta una muestra de Claudio Gallina, artista plástico argentino que en pocos años ha adquirido un notable prestigio nacional e internacional. La exposición está compuesta por una veintena de pinturas y algunas instalaciones que complementan la inquietante y original visión de Gallina sobre las escuelas y la educación, un tema que desde hace varios años ocupa el centro de su obra. Nacido en Buenos Aires, en 1964, Claudio Gallina egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredon; cursó estudios de escenografía en el taller del Teatro Colón y concurrió a los talleres de Osvaldo Attila, Cristina Santander, Armando Sapia y Norberto Russo, entre otros. En ArteBa 1996 realizó su primera muestra, que produjo un enorme impacto en el público y la crítica. “La carrera de Claudio Gallina ha conocido momentos fulgurantes, como el de su debut oficial en una no demasiado lejana edición de Arte BA", recuerda el crítico Albino Diéguez Videla. "Luego fue creciendo en soledad y optimizando lo que sabe de técnica, al tiempo que medía sus fuerzas -con éxito- en el exterior”. Desde entonces, Gallina realizó varias exposiciones individuales en Galeria Le Point, Cygnus, Colección Alvear de Zurbarán, nuevamente en ArteBa y Expotrastiendas con Gonzalo Vidal y con la Galería Praxis México ha asistido a más de 8 ferias internacionales de arte anuales. También participó en numerosas muestras colectivas en el país y en el exterior: Punta del Este, Miami, Atlanta y Washington. En esta muestra, el artista presenta pinturas cuyos protagonistas emergen de un mar de tinta: elementos de la escuela, papeles, tizas, guardapolvos, pizarras y libros se mezclan con los juegos, la rayuela, el recreo y las risas infantiles. Un conmovedor mundo escenográfico, que se complementa con instalaciones en las cuales pupitres y pizarrones intervenidos hablan de la necesidad de los protagonistas de cambiar sus ilusiones rotas por aulas llenas de creatividad y nuevas respuestas. “Dentro de muchos años estas obras informarán sobre el final de un mundo de pizarrón y tiza, de bancos de madera y libros de papel”, reflexiona Diéguez Videla. Cuando esto sea una referencia histórica las pinturas dirán -con la naturalidad con que lo sigue haciendo un grafitti pompeyano- cómo fueron los años de arranque del siglo XXI en la Argentina y en el resto de América Latina.
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