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MÉTISSAGES / Textiles
Galería de la SHCP, México, D.F.
del 30 de junio al 11 de agosto de 2005
 
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MÉTISSAGES
 
Por Rafael Alfonso Pérez y Pérez
 
La belleza es un acuerdo
entre el contenido y la forma.

Hanrik Ibsen
 

Para poder entender el arte actual es necesario situarlo en su contexto cultural y referirlo invariablemente a su desarrollo histórico; cada pieza considerada como un objeto, forma parte de una totalidad que representa a su momento, evidenciando una evolución o avance por encima de los antecedentes de los que surge.

El textil, más allá de su uso como indumentaria o ropaje, es un sistema de comunicación en constate evolución que constituye una de las expresiones estéticas más complejas y desarrolladas del orbe. A través del tiempo diferentes grupos étnicos trabajaron para crear sus propias caracterizaciones, lo que dio como resultado, variados estilos plásticos que lograron producir verdaderos lenguajes visuales, con los que se han marcando las identidades y diferencias de cada grupo. El hablar de los tejidos, significa entenderlos como un medio de lenguaje simbólico con significado social o de pertenencia, concerniente a un espacio temporal.

El arte textil como tal, no tiene historia en la mayoría de los países, ya que éste ha sido mirado como un producto de carácter artesanal, sin más trascendencia que el de servir como elemento utilitario o encajonarlo, en el mejor de los casos, dentro del arte industrial considerado por algunos hasta la fecha en una escala inferior frente a otras disciplinas artísticas.

La enseñanza de éste oficio ha estado centrada en el medio doméstico o en las escuelas de artes aplicadas y de diseño, lo que ha marcado una diferenciación convencional de categorías, que por fortuna cada vez es menos aplicable a medida que el arte se va convirtiendo en una práctica multidisciplinaria basada tanto en tecnologías, como en recursos formales poco ortodoxos.

En la actualidad el arte textil se nutre de dos precedentes básicos, por un lado el histórico, el cual se remite al textil antiguo como parte de las manifestaciones culturales propias de diversos grupos, y por el otro del desarrollo del arte contemporáneo que lo ha revalorizado mediante su inclusión y empleo.

La exposición Métissages incluye textiles contemporáneos provenientes de Francia, a manera de objetos artísticos en los que se percibe la necesidad del rescate como una preocupación en el proceso de creación, ya que éstos buscan abrir un puente entre el la construcción actual multicultural y la tradición ancestral.

El gusto francés en el arte textil cuenta con una amplia y muy destacada tradición, misma que es posible apreciar en el en conjunto que se presenta, agrupado bajo la mirada de su Curador Yves Sabourin, quien ha venido desarrollando desde hace varios años la misión de valorización de las artes textiles en la Delegación de Artes Plásticas del Ministerio Francés de la Cultura y la Comunicación; en algunas de las piezas se puede apreciar tanto el empleo de técnicas tradicionales para hacer textiles domésticos, y por las que se logran ambientes extraordinariamente taciturnos, así como la apropiación de la tradición modificada, la cual da como resultado una creación completamente inesperada, es decir, la invención de técnicas novedosas basadas en el mestizaje o la fusión.

Sin embargo es evidente que este proceso de fusión también se da dentro de otro aspecto importante como la propia manufactura artesanal, la cual permitió que creadores plásticos, a través de artífices textiles (bordadores, deshiladores encajeros, pasamaneros y tejedores) lograran exitosamente la realización de cada una de las obras mediante un trabajo por demás colaboracionista basado en la complicidad artista-artesano.

Es posible encontrar en la presente selección una diversidad de materiales, que amalgamados con las fibras textiles propiamente dichas, conforman una gran variedad de posibilidades plásticas, en las que se descubren las cualidades que nos ofrecen en este campo los elementos y su construcción, como un ilimitado medio para la expresión creativa. Es así, como a través de éstos objetos arte propiamente dichos e instalados (instalaciones), se explora el espacio que se interviene o se crean sensaciones táctiles a través de la definición de las texturas.

La investigación y la innovación están presentes en este proceso de creación para lograr trabajos contemporáneos de una inigualable habilidad técnica y contenido, en los que el espectador podrá percibir la exploración del espacio, y cuestionarse la idea preconcebida del arte textil como una práctica tecnológica enfocada a la producción de objetos útiles. Dicha investigación también aborda el campo conceptual, mismo que es evidente en la temática tocada por cada uno de los artistas convocados, la cual es variada, desde el tratamiento de argumentos netamente intimistas hasta la búsqueda y denuncia de aspectos contemporáneos de índole social.

En piezas como Nieve vegetal de Martine Aballea, Borga de Ghada Amer, Figura transparente de Carlos Arias, Parafernalia de defensa de Christelle Familiari, Custom bra de Sylvie Fleury, M de Laurent Moriceau-Víctor Ferez o Rotten-Candys de Tatiana Trouvvé, se puede apreciar lo mismo un refinado gusto por la sensualidad y el erotismo a través de prendas asociadas con el género femenino o significativas culturalmente con éste, como la inclusión de otras en las que la carga sexual está fuertemente acentuada mediante el uso del color o de imágenes que permiten al espectador pasar de un voyeur disimulado a la codicia del objeto como fetiche.

Asimismo, puede leerse la inclusión de diversos aspectos tanto políticos como sociales, tales como el poder, la historicidad y la pobreza, en obras como Nacimiento de una sombra de Johan Creten, María e Ignacio de Béatrice Dacher, Inmanencia de Marie-Noëlle Décoret, Che de Jacob Gautel, Condecoraciones civiles y militares de Bernadette Genée, Recuerdo piadoso o el pisoteo de la cruz de Christian Lacroix, Una memoria cercana y lejana de Carmen Perrin y Ondas de Pascal Pinaud.

Es así como podemos decir que, el conjunto reunido bajo la muestra Métissages, logra su cohesión a partir del empleo de esta técnica como proyecto por el que se pretende fomentar el desarrollo nuevas aplicaciones de las técnicas textiles; en él se aprecia la gran diversidad de lenguajes individuales, en los que se pueden advertir tanto los registros expresivos, como las líneas suaves; la abstracción, la geometría o la figuración; la utilización de tonos fuertes e intensos o la carencia del color; la volumetría o el empleo de mínimos elementos, para establecer un vínculo entre lo pretérito y la posmodernidad.

 
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IL FAUT DONC MÉTISSER
 
Por Yves Sabourin
Curador de la exposición
 
Traducción del francés: Alfredo Cruz Ramírez
 

Desde hace mas de seis años la exposición Métissages ha demostrado la pertinencia del textil como medio de expresión a través de múltiples proyectos de arte contemporáneo. Esto fue posible porque ha habido una asociación entre dos mundos profesionales, el del arte contemporáneo y el de los artesanos del textil francés que pocas veces se habían reunido.

Este encuentro permite a los artistas invitados reflexionar sobre técnicas poco conocidas y hasta desconocidas, y a los artesanos expresarse con la interpretación de sus técnicas.

El artista se siente pronto implicado en una misión sofisticada y difícil ya que deberá apoyarse en otras personas para ver su idea realizada y tendrá que poner a prueba su capacidad para “transmitir un mensaje”.

El artesano escogido, en función de sus capacidades y del concepto del artista, deberá también implicarse asumiendo una doble función, poseer una técnica y saber interpretar. El discurso no se pervierte: el artista aporta su creación y el artesano propone su interpretación. Entre el artesano y el artista es primordial saber compartir y escuchar.

El artista es el detonador que lleva al artesano a cuestionar de manera diferente, innovadora y enriquecedora, su técnica habitual.

Esta sinergia no es reciente. Cuando Le Brun concibe los Tapices de la Historia del Rey (Tenture de l’histoire du Roy, c.1660-70) o el de las Casas Reales (Maisons Royales, c. 1680), o bien cuando Le Corbusier, asistido por Pierre Baudoin, elaboran conjuntamente el croquis de La mujer y el herrero (La femme et le maréchal ferrant, 1967), podemos constatar esta benéfica asociación entre el artista y el artesano. En esta misma dinámica que se sitúa el caso de Jean Baptiste Oudry, con Las Cacerías de Luis XV (Les Chasses de Louis XV), cuya orden de ejecución data de 1733. La obra era criticada porque se decía que copiaba a la pintura. En su composición ciertamente y resultaba pertinente ya que la referencia al lenguaje pictórico daba una dimensión aérea a los paisajes en el tapiz. Por lo que se refiere a la técnica no hay nada de denigrante en el hecho de buscar sutiles interpretaciones usando pequeños trazos que daban matices de color rosa pálido y violeta, así el tejedor puede expresarse de manera diferente. En este caso nos encontramos ante una realidad: saber o no saber dominar la técnica.

La falta de calidad de los Tapices de la historia de Decius Mus (Tenture de l’histoire de Decius Mus), tejidos por primera vez antes de 1618 según las pinturas de Rubens, proviene de una mala realización textil y de una técnica poco o mal controlada. El intercambio de competencias permite a los protagonistas alcances plenos y sobresalir técnicamente como sucedía en la época de Oudry.

Es en este espíritu que yo provoco el encuentro entre el artesano y el artista. En las primicias ambos son en general “vírgenes” en relación con el conocimiento del trabajo del otro. Se sensibiliza a cada interlocutor sobre el tema que se va revelando poco a poco durante el primer encuentro. Aplico al pie de la letra la idea de Pablo Picasso: “Pongo todas las ideas juntas, ni modo, las cosas se arreglaran entre ellas”

Debo reconocer que una excepción confirma la regla. La obra del artista suizo John Armleder ilustra el proceso inverso y es por el mecanismo de una relación epistolar y el intercambio de un documento que la obra fue elaborada. Se trata de una fotografía periodística que se transformó en encaje. Viendo esta ilustración (un cerebro que reacciona a las ondas musicales) el artista la compara, con razón, a un encaje. No hice sino proseguir esta idea llevándola a algo concreto y así propuse al artista que se realizara El cerebro (Le cerveau) en encaje en bolillo. Sin vacilar aceptó dejar la imagen entre las manos del artesano y no intervino en ningún momento. El “abandono” es un concepto que no perturba al artista, y es quizá una de sus prácticas habituales.

Una vez que se ha dado el encuentro el proyecto se materializa o se refuerza. Es en ese momento que el artista abandona su proyecto y lo confía al artesano. Insisto en señalar que encajeras, bordadoras, pasamaneras, tejedores tienen una maestría absoluta de sus conocimientos lo cual les permite liberarse de limitaciones técnicas y despegar en el proceso de interpretación.

La encajera de bolillos de Bayeux puede tejer seda y realizar la réplica perfecta de un olán de encaje Napoleón III con motivos florales, y después realizar una obra contemporánea como La Hamaca, concebida por la artista Marie Ange Guilleminot, y aportar nuevas soluciones técnicas para hacer el dibujo aún más ligero. La encajera Mylène Salvador-Ros encuentra una solución que le permite suprimir el impacto del alfiler que forma un pequeño relieve o un pequeño circulo y remata con la punta del bolillo el trabajo de apariencia arácnida. Esta ilusión es reforzada por la decisión común de usar un hilo de seda, sin torceduras, salido directamente del capullo. Marie Ange Guilleminot puede así ver tejer el efecto de fragilidad buscada.

La encajera de aguja Marjolaine Salvador-Morel, pratica entre otras técnicas la de Argentan y no vacila en tejer en malla irregular hilos fosforescentes para realizar la instalación de Franck David que asocia en Burbuja (Bulle), dentro de un cuarto oscuro, un proyector de diapositivas, una imagen proyectada en el muro y un encaje que, cargado de luz, se vuelve una constelación de luciérnagas. También puede dedicarse a un trabajo más clásico, por la técnica y el uso del hilo de algodón. La encajera se inspira de una imagen de corales propuesta por Bruno Pellassy, y dispone sobre el pergamino pintado de verde el hilo que se transforma en minúsculos alvéolos provistos de pequeños anillos. Este encaje, cubierto de tul de seda y ornamentado de cristal , se convierte en una obra que sumergida en un acuario se mueve como medusa de una nueva raza.

En el taller de pasamanería Declercq, en Paris, trabaja María López quien logra escribir la palabra immanence, con cableado de oro, (hilo grueso torcido) sostenido por une cresta de oro. Marie Noëlle Décoret deseaba que se reunieran las letras « i » y « e » formando una corona que respalda el propósito de la artista que consiste en unir la representación de la palabra a un objeto: poder y corona. La artista, que maneja también la fragilidad irónica, nos presenta una corona de princesa de cuentos de hadas sobre un cojín de terciopelo rojo ornamentado de pompones dorados.

Las bordadoras del taller parisino Safrane Cortambert, truecan el gancho de bordado de Lunéville por una curiosa aguja que se utiliza para hacer encaje de red perlada de la Pierrière. Este consiste en crear mallas como una red de pescador incorporando perlas en el momento de hacer los entrelaces. Esta técnica fue valorizada por el modisto Paul Poiret en los años 1910. Propuse esta técnica a Christelle Familiari lo que le permitió dejar a un lado sus agujas de tejido y concebir protecciones corporales, de las cuales una es para su seno izquierdo, algo que no resulta lejano de los diseños del famoso modisto. La artista encuentra un equilibrio interrogador entre la tela ligera que no disimula nada y el hecho de proteger del tacto pero no de la mirada “voyerista”. Ella reviste con perlas lechosas y nacaradas y arma con gruesas espinas de porcelana esta prenda íntima feroz, animal y femenina.

La utilización de varias técnicas en un mismo proyecto permite obtener realizaciones acertadas. Las estudiantes de bordado del Liceo profesional regional Gilles Jamain y las bordadoras de los talleres Begonia de Oro, en Rochefort-sur-Mer, lo saben y se reunieron en torno a la tapicería de Felletin de Jean Jacques Rullier. Con el bordado delinearon ciertos detalles, escogidos por ellas o por el artista, dándole así al bordado un carácter gráfico. Así como el artista habitualmente dibuja mientras relata sus viajes y delirios, las bordadoras realzan el dibujo, como si lo fueran tallando con trazos de seda y oro. Esta intervención da una segunda vida a esta obra que cuestiona las religiones y los calendarios ya sean cristianos, revolucionarios o hindús.

Otra posibilidad de proyecto “mixto” resulta ser Creo en las Hadas (I belive in Fairies), listón de Jean Michael Othoniel, fabricado por la casa Julián Faure, listonería industrial de Saint Etienne. La originalidad de este proyecto consiste en cuestionar por primera vez al sector industrial y en haber dado al listón un carácter evolutivo y por consecuencia mixto. Se trata de una pieza en sí que además integra conceptos de otras propuestas del artista como Lluvia de Oro (Pluie d’or), presentada por primera vez en la Fundación Cartier en 2003. Esta última se compone de inmensos lienzos de tul azul-verde, bordados de lentejuelas, ligados entre ellos por ese listón que le da toda dimensión y base arquitectónica a la impalpable materia mágica.

No puedo imaginar que nuestros conocimientos se revelen de manera espontánea. Todo está relacionado: pasado, presente y futuro próximo. Cada vez que el lugar donde se presenta Métissages lo permite, trato inevitablemente de presentar al mismo tiempo o en paralelo objetos de arte provenientes del patrimonio local. En Haute Savoie, en el Museo del Castillo de Annecy propuse un diálogo entre Penetración (Pénetration) d’Annette Messager y el Diablo de Bessans, una escultura del siglo XIX en madera pintada, que lleva bajo su brazo izquierdo a un cura. Yo deseaba interrogar a la vez la expresión de esta artista que se inspira de imágenes populares y la tradición centenaria de un pueblo de la región. Brujería, magia negra, maleficios, surgen de nuestra imaginación.

El Espacio Saint Jacques, en Saint Quentin-en-Picardie, posee una importante colección de entomología. Un gabinete compuesto de tres cajones que contiene decenas de mariposas de colores brillantes y de insectos de apariencia extraña me parecía apropiado para cohabitar en armonía científica con la obra de Yves Grenet, Colección-las impurezas (Collection-les impuretés). La obra está cubierta de manchas, como si fuese un exámen de Rochas, ordenadamente puestas sobre un bello abrigo barato, descartando toda intención de quitar esos motivos como si se tratara de vulgares manchas. La técnica del “passé-empiétant” utilizada por las bordadoras del taller de Safrane Cortambert (Paris) sustentan la argumentación del artista. Las manchas se vuelven esenciales y es como si el artista pusiera al sol malas yerbas o plantas venenosas que le gustan y que influyen sobre él.

El intercambio entre Johan Creten y la complicidad de la encajera de Bayeux, Mylène Salvador-Ros, que dio lugar a Nacimiento de una sombra (Naissance d’une ombre), me da la ocasión, cada vez que se presenta la exposición, de hacer convivir estilos y épocas diferentes poniendo la obra sobre respaldos de sillones diferentes ¿Cómo un sillón Luis XV se vuelve aliado de un proyecto contemporáneo? Este asiento recubierto de un tapiz de Aubusson, de la misma época, que representa la quietud de un motivo vegetal, recibe este encaje y le da el carácter grave que se manifiesta bajo la forma de un hongo atómico, hecho de algodón y de hilo de seda rojo, deshilachado y maltratado por el artista y la encajera. Instalado sobre un sillón sencillo y moderno, se acerca también a la tradición popular y burguesa que consiste en poner carpetas de encaje en el borde de los sillones para proteger el tapiz.

En el museo de arte e historia de Saint Brieuc, pude ver en las colecciones algunas prendas bretonas del siglo XIX. Enseguida imaginé esas prendas de apariencia oriental mezclarse en la escenografía de Métissages. Así fue como un delantal de seda azul y violeta , con listón de plata proveniente de Ploaré, fue puesto entre Nieve vegetal (Neige végétale), obra de Martine Aballea -bordada de colores vivos luminosos e hilos de oro sobre un medallón de organza de seda- y una serie de cinco tapices de Aubusson, pertenecientes al conjunto Tapices 2001 (Tenture 2001) que ilustran ciertas creaciones o descubrimientos como la escritura -en cuyo centro aparece el hombrecillo emblema de la marca Bic (Escritura / Escriture de Philippe Favier)- o bien la creación de la píldora, representada por una silueta de mujer surgida de una revista femenina, obra de Tatiana Trouvé, Dulces podridos (Rotten candies).

Dos blusas femeninas del siglo XIX, una de Quimper y otra de Ploaré, cuyos cortes y motivos nos recuerdan la vestimenta mediterránea, se integran a la exposición al lado de dos obras influenciadas por la historia y la política orientales: Keffeh de Mona Hatoum, pañoleta masculina bordada con pelo de mujer y Borga, de Ghada Amer, velo negro utilizado por las mujeres en Egipto.

En la región de Ardèche se transforma la fibra de la seda en hilo torcido y escogí para la presentación de Métissages una banda (de brazo) de primera comunión proveniente de una colección privada (fines siglo XIX o principios del XX) realizada en seda beige y adornada en su base con una franja de pasamanería de la misma materia y de estilo chino. Esta obra nos permite poner el acento en los recuerdos de infancia enraizados en la cultura popular.

Muchos artistas son sensibles a la cultura popular e influye en ellos, como en el caso de Annette Messager que realizó Penetración (Pénétration) en encaje de Bayeux, a partir de de ilustraciones médicas. No olvidemos que en sus instalaciones incluye animales de peluche. El modisto Christian Lacroix cierra sus desfiles de manera apoteótica con modelos vestidas de vírgenes barrocas blancas, coronadas. En Nantes, Béatrice Dacher transforma sus encuentros cotidianos y humanos en glorificaciones que surgen del pueblo. No puedo olvidar María et Ignacio inmortalizados en Bolivia o bien sus fotografías de vagabundos sobre las cuales la artista borda la imagen de la cobija dándole al vagabundo una dignidad celeste. Bernadette Genée y Alain Le Borgne, integran en sus creaciones el mundo de las armas y logran en la obra Decoración civil y militar (Décoration civile et militaire) un osado matrimonio., incorporando sobre los sacos de la escuela militar de Coëquidan motivos decorativos en pluma de pavo real provenientes de chalecos bretones de hombre.

Por supuesto que la historia no puede detenerse sino continuar en todas la direcciones posibles e imposibles, conocidas y desconocidas que nos ofrecen los artistas, los creadores y los artesanos con el fin de crear historias.

Debemos poner en su lugar el instante de creación y el instante de interpretación y encontrar entonces el territorio donde se sitúa el impacto de la creación.
Debemos suscitar y entablar un dialogo que no se pueda interrumpir.

Propongo como conclusión la frase de Henri Matisse:
“Es un grave error de juicio atribuir un sentido peyorativo a la palabra “decorativo”. Hay que ser decorativo antes que todo. La sustancia no es suficiente, se necesita también una envoltura.

Il faut donc métisser.

 
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INFORMACIÓN:
Irma Arce Fuentes
Coordinadora de Prensa
Guatemala 8, Centro Histórico.
C.P. 06020 Metro Zócalo, México, D.F.
Tels. 9158 1243 y 9158 1245
 
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