2006 Archivo Gráfico. Taller en monotipo y grabado. México, D.F. 2005-2004 Columbia College. Maestría en Producción de Cine y Video. Chicago, IL, E.U.A. 1996-1993 School of Visual Arts. Licenciatura en Artes Plásticas. Nueva York, NY, E.U.A. 1992 Musée du Louvre. Taller en dibujo, diseño y arquitectura. Paris, Francia. 1991 Academie Port Royal. Taller en Pintura y dibujo. Paris, Francia. 1990 La Grand Chaumière. Taller en dibujo. Paris, Francia. EXPOSICIONES INDIVIDUALES
2007 Oración Continua. Pintura y monotipo. University Club Bosques. México, D.F. 2002 Corazón abierto. Taller de Arte y Expresión Visual. México, D.F. 1999 Rompiendo mi continuidad. Galería Casa Colón. Mérida, Yucatán, Mexico. 1998 Cantos y Danzas de la Muerte. Espacio Público, Estación del Metro Centro Médico. México, D.F. EXPOSICIONES COLECTIVAS
2007 Grandes de la Gráfica. University Club Bosques. México, D.F. 2006 Miradas que miran. El Centro de Educación Continua y a Distancia Unidad Allende. México, D.F. 1998 Sangre Mexicana. Galería Ittati. México, D.F. 1997 Fluidez del Pensamiento. Galería El Cuartel Malinalco. Edo. de México. 1996 Visual Arts Exhibition. Visual Arts Gallery. Nueva York, NY, E.U.A. BECAS y RECONOCIMIENTOS
1998 Vermont Studio Center. Residencia artística. Vermont, E.U.A. 1996 The Rhodes Family Award for Outstanding Students. School of Visual Arts. Nueva York, NY, E.U.A. Vermont Studio Center. Residencia artística. Vermont, E.U.A.
|
Una de las pequeñas cosas de la vida que nos hacen felices es el sueño. La siesta, ¡qué maravillosa costumbre! Esa dulce entrega de medio día que se practica en la vida diaria en las culturas más satisfechas consigo. El sueño no cuesta, no representa una inversión, no requiere de otro instrumento que no sea el propio cuerpo. Es puro placer, satisfacción garantizada, y necesidad satisfecha en el acto mismo. En eso estaba pensando cuando el teléfono interrumpió mi ensoñación. La siesta es una comunión con nosotros mismos y no admite interferencias. Si se le posterga el costo es alto: malhumor, cansancio, bajo rendimiento y pesadez. Por eso cuando sonó el teléfono mientras comenzaba mi interludio con el sueño se disparó un destello de ira, ¿quién podrá dejar su siesta para llamarme a mí en esta tarde asoleada y calurosa? En las fotografías de Ana López-Montes hay esa envidiable expresión de placer al que sucumbe cualquier alma civilizada, la ligereza que nos da es producto de la relatividad que introduce en el tiempo; pasado, presente y futuro se abolen. Además, es un acto de rebeldía, puesto que lleva el placer liberador a lugares públicos, con la misma largueza que una sibila; mostrando la languidez de quien no está interesado en los urgentes asuntos materiales del mundo. Por supuesto, en los días del Prozac, el sueño no tiene la importancia capital que tuvo para los autores románticos del siglo XIX, para quienes el sueño era el primer paso a una muerte dulce, necesaria y hasta deseable. La obra de Ana López-Montes no está disfrazada de contemporaneidad y no pretende situarse en la vanguardia. Si tomamos el voyeurismo como un signo de posmodernidad, efectivamente nuestra fotógrafa está lejos del exhibicionismo y la obsesión por la mirada. Su papel no es el del protagonismo que apunta al placer desde la distancia de la ironía. La coartada de Ana es colocarse dentro del escenario, fuera de la conciencia, como la pieza de un rompecabezas que nadie está buscando. En las imágenes que escenifica la artista el sentido del dormir está más ligado a la imperiosa necesidad de manifestar un estado de ánimo. Sus imágenes van más allá del temperamento melancólico y se centran en el beneplácito que surge del dormir en paz consigo y con el mundo. La actitud que demuestra la autora es de felicidad: dormida en el pavimento roto, sobre la piedra negra, en el concreto frío. Estas son fotografías instantáneas que juegan con la idea del comportamiento públicamente correcto. Dormir ante los demás; vivir lentamente mientras el mundo alrededor se agita. Los lugares, plazas públicas, salones de baile, calles atestadas de vendedores y gente, se prestan a un contraste: ella duerme mientras la vida continúa su ritmo. Ana López-Montes realizó varias sesiones fotográficas en diferentes ciudades y en situaciones distintas. Las fotografías fueron tomadas espontáneamente por desconocidos. La primera de esas series surgió en Cartagena, Colombia, durante las celebraciones de la noche de año nuevo; la segunda se llevó a cabo en el inmaculado espacio de una galería de arte en Houston; la tercera en las calles del centro histórico de la ciudad de México, con su caos característico, hecho de detritos y multitudes que van y vienen. Cualquier lugar público es una tentación para la autora, ya sea frente a guardias uniformados, o la sede del policía judicial, en el campo ante unos caballos, o bajo la lluvia frente a un hospital. ¿Qué nos sugieren estas imágenes? Intensidad, concurrencias, atmósferas, anonimato, protección, desarraigo, pérdida del sentido de tiempo y espacio. Sin embargo, Ana, parece que nadie se da cuenta de ti. Te ignoran. Se esconden de ti. Y tú, ¿en que sueñas? En diciembre vi a un grupo de peregrinos que iban a basílica de Guadalupe; dormían amontonados sobre unos sarapes sobre el paseo de la Reforma. Dos hombres y tres mujeres, jóvenes todos. Demasiado cansados para sentir disfrutar de sus sueños. No sé cuanto hayan caminado, pero el sueño tan pesado denotaba que habían llegado hasta la última de sus fuerzas. Hay dormires que descienden hasta el abismo y otros que son redentores. Sólo una de las mujeres tenía la cara iluminada por una sonrisa. Ana me enseñó algunas de las fotografías de su viaje por Jerusalén e Israel. Atenta como es a los comportamientos de la gente en la calle, captó algunas imágenes perdidas en el flujo del tiempo; uno de ellas muestra a un grupo de personas comerciando verduras frente a la histórica puerta de Damasco. Mientras un hombre escoge la mercancía, un niño regatea un descuento ante el hombre con la boina. En otra secuencia aparece una rebanada de sandía mordida. Al fondo se observan grupos de jóvenes que caminan por la orilla del malecón. Vuelve a aparecer la sandia y más gente caminando. Sandia. Gente.
La artista está interesada en el fluir de la vida, para capturarlo en secuencias que se alargan con el video; quizá para hacerlo infinitamente presente. Sus videos muestran el río de la vida en el que todos nadamos, mientras que las fotografías son más afines a la memoria de corto plazo, nos hacen ver detalles, sí, detalles inescrutables para la mirada. ¿Alguna vez, usted lector, se encontró con que sus fotografías presentan círculos blancos? Tome usted una fotografía, de preferencia en la noche, interior o exterior, no importa, y vea los resultados. Notará que aparecen unos círculos blancos, tenues y casi transparentes, pero también pueden ser bastante sólidos como la luna llena en la noche oscura. ¿Qué hallazgo, verdad? Quizá esos círculos son producto de la óptica, pero casi nadie los notaba o pensaban simplemente que la cámara que compraron no era lo suficientemente profesional. Eso no importa. Lo que interesa es que usted ya se dio cuenta de que la cámara ha registrado algo que usted no vio. O sea que las máquinas no funcionan tan mecánicamente ni son dependientes de la mente humana como creíamos. O puede ser que hay cosas que están ahí que no vemos porque estamos guiados por nuestra conciencia, que nos dice: “Ahí está eso” ,“voltea a ver esto”, o quizá: “no veas esto, camina y sal de aquí”, “sigue por allá”... “no te detengas”. Esos entes visuales flotan en el espacio, se manifiestan por medio de la óptica. Originadas por la luz -que es lo que más se parece al espíritu- aparecen esas esferas blancas en sus fotografías y en las mías. Ana les llama ángeles, porque no parecen figuras de este mundo, ni son tangibles. Estas formaciones no aparecen todo el tiempo, y si usted dispara su cámara dos veces seguidas sin cambiar el ángulo, verá que en una salen esferas blancas y en otra no. ¿Son producto del lapso del movimiento de los átomos? ¿Pueden explicarse por medio de la física cuántica, o por la teoría de los universos paralelos o la teoría del caos? ¿O son presencias intangibles, materia convertida en luz? Las imágenes de Ana López-Montes, seleccionadas de entre cientos de imágenes captadas por ella y por otros, son un testimonio que arroja preguntas. Para Ana y para mí, hay algo misterioso que debe mantenerse como artículo de fe. La intuición suele ser así, surge de la percepción y pone a prueba el juicio, pero más allá de la explicación racional, en el arte estas conjeturas se convierten en experiencia estética. Ahí, aquí, allá, hay cosas que los sentidos no pueden captar, hay explicaciones que sobran y sensaciones que son más verídicas que las teorías. Sólo en la poesía del arte es posible penetrar en la emoción misteriosa que nos rodea, donde lo invisible se hace visual. Creer en el sueño, desafiar a la vigilia y a los sentidos, dejarse llevar por la imaginación, son para la artista algunas de las posibilidades que nos permiten acortar la distancia entre lo que vemos y creemos. Su exploración en diferentes rincones del mundo, donde se concentra la memoria de diferentes creencias y hechos, ha llevado a Ana a un peregrinaje por caminos de la vida que se unen más allá de la conciencia y de lo visible, en lo puramente poético. |