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ANA THIEL & JENNIFER BLAZINA / Implied Narratives / Obra en vidrio
(Ana Thiel, México, D.F., 1958)
Pittsburgh Glass Center / E.U.A.
hasta junio 30 de 2005
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LA ZAPATILLA DE CRISTAL Y OTRAS HISTORIAS, REALES O IMAGINARIAS
 
Por Vicky A. Clark
Curadora independiente
 
Traducción del inglés: Beatriz Bell
 

El vidrio no es un material asociado con las historias, pero una zapatilla hecha de cristal es protagonista común en los cuentos de hadas. Es tanto un ícono como una “imagen figurativa” que activa nuestras memorias de La Cenicienta (1). Como los zapatos rojos de Dorothy en el Mago de Oz –protagonistas en la película-historia, pero también el par de tacones rojos de Judy Garland– la zapatilla de cristal nos transporta a otro mundo donde las distinciones entre lo real y lo imaginado no importan, donde los sueños se vuelven realidad, y donde el zapato, por así decirlo, le puede quedar a cualquiera.

Jennifer Blazina y Ana Thiel también conjuran una serie de memorias y asociaciones al presentar fragmentos de narraciones en sus imágenes del pensamiento. Concientemente ellas nublan los hechos y la ficción mientras colocan objetos fuera de su contexto para sugerir o implicar narrativas. Nos permiten rellenar los huecos, usando nuestras memorias y experiencias para completar la historia. Thiel se nutre de patrones en la naturaleza mientras recicla objetos descartados para darles nueva vida y significado, mientras Blazina selecciona viejas fotografías en blanco y negro para mostrar la calidad mutable e interactiva de la memoria y el conocimiento.

 
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ANA THIEL
Time Journey, 2004 / vidrio vaciado en libro, libros, base de madera, 24 x 89.5 x 30 cm.
 
A simple vista, el trabajo de Thiel pareciera tener más conexiones con la narrativa, especialmente en varias piezas que incorporan libros viejos. En Enciclopedia 53, por ejemplo, ella empalma varios volúmenes de una enciclopedia (de 1953, por supuesto), acomodándolos en un rectángulo en el suelo. Abiertos al azar, los textos se relacionan unos a otros de manera aleatoria más que lógica, y el texto queda prácticamente anulado. Como Jackson Pollock, quien también “actuaba” sus pinturas, Thiel aprovecha el azar del vidrio incandescente, goteándolo mientras gira sobre la pieza quemando las páginas. El producto final nos deja pensando en el rol que los libros juegan en nuestras vidas mientras nos dan información y nos ayudan a escribir una historia, una que ha sido construida con fragmentos y memorias así como por hechos. En la medida que la tecnología aumenta y tenemos más información del Intenet, los libros pueden llegar a ser obsoletos, pero su importancia es subrayada por el hecho de que los regímenes totalitarios frecuentemente han proscrito libros que ellos consideran peligrosos. Thiel quiere contrarrestar esa acción al rescatar a los libros en su trabajo.

Las otras piezas de Thiel también acceden a la narrativa. Al usar objetos de desecho, reciclándolos, les agrega un nuevo capítulo a sus historias, redefiniendo cómo vemos las cosas. Tablas de madera usadas para restirar pieles se convierten en ventanas góticas que sostienen a un libro abierto, combinando conocimiento escrito y visceral. Una escalera recargada contra una pared sostiene parte de una partitura. La música es otro tipo de lenguaje, cuya traducción sólo existe en las notas de una hoja y la cual tiene la habilidad, cuando se realiza en un concierto, de llevarnos a otros lugares, tiempos y pensamientos.

 
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ANA THIEL
Vaina, 2005 / libro, vaina y semillas de jacaranda, estante con otros libros, dimen. variables
 
Blazina, por el otro lado, no usa texto alguno, sino que se apoya en imágenes fotográficas para sugerir narrativa. Ella transfiere viejas fotografías de familia a objetos de vidrio, reordenando su material en blanco y negro en instalaciones que asemejan archivos. Por ejemplo, reposiciona los asistentes a una boda en pequeños marcos parecidos a iconos, aislando a cada persona, removiéndola de su contexto específico. Al ver estos retratos anónimos, los espectadores notan los detalles de la ropa de otra época y usan su propio conocimiento e imaginación para re-contextualizarlos. De hecho, aunque la boda es parte de su propia historia familiar, Blazina sólo conoce a muchas de las personas retratadas por medio de reminiscencias familiares. Las fotografías sirven como un incentivo poderoso para accesar a las memorias y entender la narrativa familiar mientras uno se da cuenta de que esos recuerdos son inestables e in confiables, ofuscando hechos y ficción y cambiando a lo largo del tiempo.

En otra pieza, Blazina utiliza sobres en vez de marcos, sugiriendo la redacción de cartas como una forma de comunicación. Estos sobres hacen referencia a una serie de cartas que su abuelo escribió, pero que nunca envió, a sus parientes en Italia. Aquí de nuevo se da la sugerencia de pérdida, de algo secreto, o bien que quedó fuera de cualquier suceso. Imágenes similares que disparan memorias –una vieja casa, carros viejos, sauces llorones, gente de épocas pasadas– están incluidas en paneles fotográficos en grandes vidrios que casi parecen pinturas en blanco y negro. La nostalgia interactúa con la memoria mientras tratamos de satisfacer nuestro deseo de comprender, deseo que es una necesidad básica humana. Al seleccionar cuidadosamente imágenes evocadoras –combinando fotografías halladas con sus propias imágenes- Blazina nos anima a escribir nuestras propias historias.

La naturaleza sugestiva tanto del trabajo de Blazina como de Thiel crea un diálogo interesante. Sus fragmentos nos animan a ver más allá de la superficie y reconocer que podemos intentar darle sentido de nuestro mundo al crear narrativas más grandes, aún cuando nuestro conocimiento sea fragmentado. Ellas ponen énfasis en que este proceso de dar sentido se puede sólo dar con la comprensión de que nuestros conocimientos y nuestras memorias son fragmentarias, arbitrarias y elusivas. En esencia, han creado figuras de pensamiento para llevarnos más allá de lo no examinado y lo usual hacia nuevas asociaciones y revelaciones.

 
(1) De Síntomas de Cultura de Marjorie Garber, quien escribe: “La nuestra es una era que desconfía del lenguaje, que teme a las figuras del habla, y especialmente a lo que se pueden llamar figuras del pensamiento-ideas y asociaciones que provocan nuevas ideas, que encadenan con otras cadenas en la cultura más que en hipertexto, ideas que son consideradas como peligrosas porque no son finitas”
 
 
ANA THIEL en ARTEVEN.COM
 
PITTSBURGH GLASS CENTER
5472 Penn Avenue
Pittsburg, PA., 15206
E.U.A.
www.pittsburghglasscenter.org
 
 
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