La galería Arróniz Arte Contemporáneo inaugura el 24 de Julio de 2007, a las 19:30 hrs., la muestra Paisaje en movimiento del artista José Castro Leñero, cuya trayectoria es ampliamente reconocida.
En esta ocasión el artista, a través de diversos medios como lo son la fotografía, el dibujo, la gráfica digital, la pintura y la animación, añade un nuevo capítulo a esa indagación de la imagen que sintetiza su sólida carrera como artista. Aparecen aquí temas o preocupaciones que han sido recurrentes en su trabajo, como la saturación de elementos visuales, la superposición de planos, la manipulación cromática, la repetición de variantes de un mismo motivo o la integración de la fragmentación. Sin embargo, aquí el énfasis recae especialmente sobre dos aspectos: la imagen en movimiento, vista como captura de la velocidad en una simultaneidad estética (estática), para circunscribirla al marco de una ventana, o ventanilla, y el movimiento de la imagen en sí misma, al migrar de un medio a otro y ser reinterpretada una y otra vez. Los paisajes, no podía ser de otra manera, son paisajes urbanos.
El eje de la muestra es un video, que muestra el baile de una cortina con el viento. En realidad es una animación lograda a partir de fotografías en secuencia, que luego de la manipulación adquirieron calidades dibujísticas, por lo que la primera impresión es la de una animación hecha a mano. La escena, capturada paso a paso en la sucesión de sus cambios, remite a las célebres fotografías de Muybridge de hace un siglo y medio, las cuales eran, precisamente, estudios del movimiento.
A partir de aquí, el artista despliega una serie de variaciones que desarrollan distintos temas ligados por esa misma preocupación. La contemplación de la ventana, que en algún momento fue una experiencia vívida, se transmuta al convertirse en imagen y al mudar de soportes y de técnicas. Lo que parece dibujo es un video, lo que parece pintura es una litografía, lo que parece foto digital está pintado, y aquellas manchas de calidades serigráficas son fotografías manipuladas.
En un segundo momento el encuadre se amplía y la ventana se convierte en cuadro, y lo que nos muestra son elementos de la ciudad que despierta: primero fachadas, ventanales reticulados, una desierta cabina de lámina, un muro con un graffiti pintado en acrílico sobre tela. Luego calles en el centro de la metrópolis, al inicio de las actividades matutinas. Aquí también la imagen cambia de medio, y la velocidad aumenta. Ahora nos encontramos mirando a través del vidrio de un automóvil, y la ciudad transcurre: edificios, rejas, letreros, vehículos, siluetas de ciudadanos. Vértigo en cromatismos exacerbados de imágenes que suceden, que pasan, al mismo tiempo. La ciudad y sus luces de noche, sus brillos alucinados tras el parabrisas después de la lluvia.
José Castro Leñero nos devuelve a la habitación donde podemos estarnos toda una vida mirando la ventana velada. La cortina continúa mostrándonos la forma cambiante del viento, que son las gotas del tiempo, y por la ventana siguen entrando imágenes.