El hombre se ha sentido atraído y fascinado por el mundo de los dragones. En cada civilización su figura juega un papel importante como dios, guardián, y en algunos casos como demonio, pero todos le confieren gran poder. Reconocido también por su gran sabiduría, poseen un significado espiritual en varias religiones y culturas del mundo. Por otra parte, también tienen una connotación cultural agresiva, guerrera. Según antiguas creencias chinas, los dragones no aparecen cuando la moralidad de la humanidad desciende. Se cree también que los dragones aparecen cuando hay un gran cambio cósmico que influye en el mundo humano, cuya destrucción previa era necesaria para crear un nuevo universo ordenado.
En Oriente se les confiere poderes mágicos y energía sobrenatural positiva. El dragón es considerado como la encarnación del concepto de Yang, el amo de la lluvia y del agua, proporcionan salud, longevidad y buena suerte, ordenan las condiciones climáticas y cronológicas. Se creía que traerían bondades o desgracias a la tierra, según el humor con que se levantaran. Todopoderosos, nadie podría hacer nada contra su furia si ésta se desataba... por lo que lo mejor era no despertarla.
Criaturas dotadas de una multiplicidad de capacidades sobrenaturales, pueden sufrir diversas metamorfosis o generarlas en los demás, son seres duales, mantienen fuertes lazos con la tierra, pero también con el aire y el agua. El dragón posee características de tres tipos de depredadores: patas y garras, capacidad de arrastrarse, astucia felina y capacidad de volar. En la mitología nórdica, la figura del dragón fue utilizada como símbolo de codicia material. En las antiguas creencias occidentales, eran frecuentemente representados como demonios o criaturas peligrosas. Las leyendas de la Edad Media enseñaban la matanza de los dragones como un ritual que los caballeros debían superar. Fueron considerados símbolo de apostasía y de traición, aunque también de cólera y envidia. En el Cristianismo la palabra latina draco, que dio origen al vocablo “dragón”, significa “la serpiente”, por ello lo han asociado históricamente a este animal diabólico y pecaminoso. Los dragones de varias cabezas significaban decadencia, opresión y herejía, aunque también fueron considerados como emblema de independencia.
Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos. Entre los conquistadores celtas de Britania fue símbolo de soberanía, y durante la ocupación romana de la isla adornó los estandartes de guerra, convirtiéndose en un símbolo heráldico y luego militar. En América existen también algunos ejemplos de su existencia, en culturas como la de los esquimales, o los aztecas, con la figura de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que es muy parecida al dragón oriental, pero se diferencia por tener extremidades y plumas en forma de melena.