Instalación con elementos de foto, video y variaciones de cuero de vaca, pelo humano o pelo impreso, sobre distintos soportes que aluden a la huella, al registro de la existencia y a la necesidad de restitución. Busco resaltar el material desde su cualidad de intercambio comercial e industrial.
Se alude a la vaca con su ya tan gastada cualidad de objeto de consumo, de proveedora, de alimento, de ser parte de un engranaje articulado por un sistema productivo y su analogía con la realidad del ser humano globalizado.
El pelo humano adquiere varias lecturas: primero, la más directa y evidente podría ser su cualidad erótica. El pelo funda continentes dentro del cuerpo mismo. Es zona de refugio, cobijo, placer o pudor. Además tiene otras implicaciones tales como ser una especie de despojo o prolongación del cuerpo. Sin embargo, tiene un proceso de degradación mucho más lento que el resto del cuerpo, así lo relaciono -en su longitud- con la idea del tiempo transcurrido en la existencia de una persona o animal y en su capacidad de sobrevivir al cuerpo mismo -por su conservación y crecimiento autónomo- como algo a la vez propio y ajeno. De aquí, aunque de manera indirecta, lo asocio con las ideas y el pensamiento. Construcción mental colectiva pero íntima y personal.
El pelo como prolongación del pensamiento.
El pelo tiene implicaciones de identidad, de esencia. No en balde los guerreros ¿navajos o cherokies? al arrancar la cabellera de sus víctimas creían hacerse poseedores de su espíritu, obligándolos a ser sus esclavos en el más allá.
Se introduce el tema del pelo y la piel como elementos subliminales de la sexualidad en la lógica del mercado, más explotada tradicionalmente en la mujer aunque en los tiempos que corren ambos sexos quedan inmersos en este y otros procesos de generación del deseo, de la persuasión e incitación al consumo.
La violencia exacerbada, la falta de horizonte -no sólo para las futuras generaciones sino para nosotros, la mayor parte de la población de nuestros países en desarrollo- la necesidad de saciar inmediata y constantemente el deseo generado por los instrumentos de seducción y persuasión dentro de las sociedades de consumo modernas, la explotación física, mental y psicológica puesta al servicio del mercado, son algunas de las prácticas de las que se vale el sistema para ir como una gran mancha negra de petróleo (y aquí me acuerdo de un video de Carlos Amorales, en el cual todo era absorbido por esta gran mancha negra), tragando, engullendo: dignidad, valores, esperanza, pensamiento autónomo y libre albedrío, alegría, silencio, placer.
Gabriela Gutiérrez
Ciudad de México, 2007