ARTISTAS PARTICIPANTES. José Miguel González Casanova, Aurora Noreña, Mónica Dower, Hugo Kiehnle, Carlos Somonte, Humberto Chávez Mayol, Cassandra Galloti, Carlos Mier y Terán, Rigel Herrera, Jeannette Betancourt, María Romero, Rodrigo Caso, Elisa Gutiérrez, La Niña Yahred.
Desear no es igual a haber alcanzado lo que se desea, el deseo siempre es una búsqueda. Alberto Ruy Sánchez, Los Jardines Secretos de Mogador.
Con el doble propósito de acercar el arte contemporáneo a nuevos públicos, y de hacerlo a partir de propuestas de comisariado originales, la Galería Urbana presenta la exposición colectiva que tiene por título Múltiple Deseo. El trabajo estuvo a cargo de un naciente grupo de comisarios llamado Link Curaduría, integrado por Mariblanca Navarro, Ángeles Toledo, Aurora Noreña, Mónica Dower, Pablo Ortega, Antonio Salazar, Elisa Gutiérrez y Myriam Bahena, coordinados por los comisarios, críticos e investigadores de arte, Carlos Blas Galindo y Luis Rius Caso.
Link investiga nuevos criterios y posibilidades de ampliar y enriquecer la circulación y recepción del arte contemporáneo, más allá de las prácticas convencionales que hoy imperan en la institucionalidad del arte, conformada por instancias públicas y privadas. El objetivo de Link se orienta más a ampliar el espectro de opciones que a establecer una relación crítica con dichas instancias, y parte de un quehacer multidisciplinario que involucra las experiencias de artistas, críticos, comisarios, galeros y diversos profesionales de las artes.
A raíz de esta primera propuesta de Link en Galería Urbana, artistas de diversas generaciones han sido invitados para mostrar un abanico representativo de formas de abordar el deseo en nuestro tiempo. Los medios (en algunos casos híbridos) son el dibujo, la fotografía, la pintura, la obra tridimensional, el video y la instalación. La apuesta es por un conjunto diverso dentro de un contexto complejo, que respete diferencias y antagonismos, sin aplicar recursos homogeneizantes ni proponer lecturas unidimensionales ni totalizantes.
Se invita al espectador a intercambiar deseos por monedas, a través de un Banco Intersubjetivo. Se invita también a consumar el deseo de mirar desde lo alto y desde lo bajo del horizonte de lo vivido y “ver más allá” de lo que nuestro no deseo nos permite cotidianamente. A reconstruir la propia identidad a través de papelitos significantes que van formando un cuerpo herido o bien, a partir de trozos de tela unidos con hilo, que bordan el rostro de un ícono pagano (Malverde). A entrar en juegos crítpticos y polisémicos donde el deseo se distorsiona con las imágeners que lo confrontan. A enraizarse, reconocerse y llenar la soledad de un cuarto vacío que desea que lo habiten. A comprar objetos de deseo que alcanzados así, en apariencia, nos revelan en una sentencia que nuestra distancia con el objeto de deseo, sigue estando ahí. A tener sexo exacerbado, carnal o mental, desde las distintas opciones corporales y de género. A presenciar una metáfora que involucra en dos planos a una estatua de madera, a una mujer desnuda en “estado de gracia” y a un elevador. A derribar el concreto e insertar a la naturaleza, en actos de restitución poética y simbólica. A participar de hermosos ejercicios dibujísticos que mezclan a la memoria construida por la herencia y al deseo. A satisfacer nuestras pulsiones con imágenes, que se pueden comprar y que sustituyen a un objeto inexistente. A no reconocer un deseo que nos acecha y atemoriza desde su indeterminación. A introducirnos en la intimidad de un baño y de un espejo que magnifica el deseo que sólo quedará satisfecho en la virtualidad del reflejo. A compartir pequeñas y fugaces historias que involucran al deseo o a la ficción que tenemos de éste. A presenciar el espectáculo del deseo literalmente incorporado en personajes arquetípicos. A desear realmente lo que decimos desear, o bien, a deshacernos del deseo de desear lo que no deseamos.
En esta diversidad se invita al espectador a adentrarse en múltiples sensaciones y emociones que van desde el placer hasta el sufrimiento, al tratar de alcanzar aquello que el psicoanalista Paul Ricoeur llama la cosa ausente: ese accidente sublime, invisible y fantasioso que todos buscamos sin tregua, para sentirnos completos.