El aspecto, el carácter y la forma de vida de las personas han ejercido siempre una intensa fascinación que ha generado el deseo de dar a esas sensaciones un carácter permanente: el retrato.
El retrato constituye el método con el que cuenta la fotografía para buscar respuestas mediante la expresión del rostro y la rigurosa organización de los rasgos, que expresan y representan la verdad del modelo y su relación con el mundo y con la vida de la misma manera que la ha sentido el fotógrafo.
Su práctica se encuentra ya en los inicios de la fotografía donde destaca la labor realizada por los fotógrafos ambulantes, los fotógrafos comerciales de los estudios, los primeros retratos psicológicos, el retrato popular presentado por la fotografía academicista o la obra documental.
El retrato es lo contrario de la imagen tomada à la sauvette, a escondidas, subrepticiamente. No se reduce a instantes fugaces e instantáneas espontáneas: exige preparación, reflexión y aplicación.
El retrato pone en relación dos individualidades en una misma intimidad. Para realizar un retrato es necesario requerir y obtener la atención del modelo. Hay que alcanzar además una sintonía, que llegue a convertirse en complicidad, con la persona fotografiada. Un buen retrato es siempre fruto de una recíproca disponibilidad.
Tratamiento fotográfico y conceptual
Esta serie toma como punto de partida las relaciones humanas. La imagen que nos creamos del otro y con la cual convivimos.
Documenta al grupo de personas que participan en mi realidad cotidiana y resalta mi relación con ellos.
La visita a mi domicilio como espacio íntimo y el patio-estudio como escenario para los retratos, son la fórmula del trabajo.
Propósitos
// Rescatar a los seres humanos fotografiados de la condición de masa para dotarles de la categoría de individuos particulares.
// Capturar el espíritu y la esencia de otro ser humano.
// Sondear la dimensión humana.
// Aislar a las personas olvidando la acción y reflejar su interior.
La serie la constituyen personas que conozco por un motivo u otro. El punto de partida son las relaciones humanas, el trato mutuo, la imagen que nos creamos del otro y con la cual convivimos. La relación mantenida crea una imagen en la conciencia, La aventura con el otro traslada mi imagen al estudio, y así, el recuerdo salta de mi mente al espectador.
Leo Simoes