La voluntad codificadora de Soler también ha rastreado en otros signos, como los de los sonidos o los del tacto, pero también se ha adentrado en códigos de la actualidad creando obras como
La caja tonta, una serie de piezas construidas con forma de caja cerrada y con la superficie cubierta por una especie de pantallas de papel donde sólo se puede ver una imagen codificada. La caja cerrada es una metáfora del pensamiento único –y ya es generoso llamarle pensamiento-, de la cerrazón, de los mensajes elaborados sin esperar respuesta, es más, sin permitir respuesta ni réplica alguna. Si no hay pensamiento, es definitivamente tonta. Las pantallas codificadas plantean la imposibilidad de ver, de descifrar lo que está ocurriendo detrás de esa extraña cortina. Pero sobre todo, y lo fundamental de esto, es el hechizo que ejerce sobre todos esta caja, que nos bombardea con imágenes y mensajes cada vez más evidentes y ramplones con el único objetivo de que entendamos todo sin necesidad de pensar lo más mínimo. Parecen querer decir: “compre esto que nosotros se lo damos pensado”.
Estos discursos entretejen la obra de Miguel Soler. Son piezas donde aparecen los “sonidos”, los “sonidos oyentes” y los “germinadores de sonidos”. Donde, además, el movimiento representa un papel importante en sus últimas obras, un movimiento que nos atrae, a veces real, a veces figurado.
Este autor parece estar “de buen año”. Tras su fructífera estancia en Hangar (Barcelona) ganó el premio de La Caja San Fernando, con su muy lograda y espectacular Estimulación precoz (de 0 a 4 años), donde también pudimos disfrutar del video Left vs right (dancing guns), un DVD proyectado simultáneamente en dos pantallas enfrentadas (un baile de pistolas a lo Esther Williams) y después inauguró en la galería sevillana Isabel Ignacio Conflictos de inercia, una muestra en la que pudimos disfrutar de su trabajo más reciente. Disfrutar en un doble sentido: por una parte, en el plano más epidérmico, de su buen hacer a la hora de elaborar las piezas, mimo con los materiales y genialidad -de alguna manera, como todos, heredera de lo duchampiano- para recoger elementos diversos, ver la potencialidad de los discursos escondidos en la materia y reelaborar un nuevo concepto arrancado del mensaje y la utilización original de las cosas. El segundo sentido es la lectura del mundo actual que realiza, un mundo en permanentes conflictos bélicos que, de tanto verlos en televisión y en la prensa escrita, ya nos parecen casi algo cotidiano, cuando en realidad tendríamos que sentirnos escandalizados constantemente ante tanta barbarie y tanta sinrazón.
Al decir esto estoy pensando en la instalación que realizó en la sala pequeña de la galería, donde situó una particular sala de juegos para niños construida con alfombras de goma, a las que recortó la silueta de distintos modelos de revólveres y los colocó sobre la pared. Junto a estos se escuchaba el ruido constante de los disparos.
Dentro del conjunto de obras de su última producción llama la atención una instalación realizada con cascos de guerra -Inercia conflictiva- con los que ha construido igualmente un juego, algo parecido a un péndulo en constante movimiento, la misma obra de la que saca dos espléndidas series fotográficas, un trabajo impecable donde podemos ver la simulación del movimiento.
Otra obra que llama poderosamente la atención en su particular medallero Casquero. Se trata de una reinterpretación de los medalleros de los juegos deportivos, en los que se sitúa en el centro al ganador, con el oro, y a ambos lados y diferentes alturas la plata y el bronce. La peculiaridad es que no se trata de medallas sino de cascos de guerra pintados y colocados sobre cojines rojos (también realizados por Soler). Parece ser una ironía, una triste ironía, en la que se premia al campeón, pero no en los juegos, sino en la guerra.
Como digo, el trabajo denota su buen hacer y su compromiso con la realidad, con la actualidad, desde su postura de autor consciente del poder de las imágenes en un mundo donde ya andamos bastante saturados de éstas, claro que hueras en la mayoría de los casos.