El Colectivo La puta de nuestras conciencias -formado por Diana María González Colmenero y Maj Britt Jensen- surgió hace 3 años como resultado de coincidencias que ambas artistas descubrieron a lo largo de su amistad e intereses comunes en torno al arte, la teoría, el lenguaje, los procesos creativos y la necesidad de tener interlocutores con quien dialogar, lo cual provocó que poco a poco y a manera de juego empezaran a intercambiar citas entre ellas. Estas citas proponían conceptos relacionados con dichos intereses e inquietudes y de pronto, el ejercicio se convirtió en una práctica de la cual surgió la necesidad de volverse obra y después de ocho meses y varios ajustes, realizaron el registro en video de todas las citas reunidas y memorizadas, del que surge un primer resultado; el video Hablando contigo.
La voluntad de seguir este proyecto creció, así como el compromiso y la complicidad entre la dupla, quienes se avocaron a la tarea de buscar más interlocutores entre curadores, críticos y artistas visuales para abrir el diálogo. Está búsqueda se convirtió en otro documento, el cual está integrado de varias interpretaciones del primer video, así como del intercambio formal de conocimientos y distintas perspectivas, lo que llevó a una tercera etapa que culmina en esta exposición. El hecho de realizar la acción en respuesta a esas interpretaciones tiene como objetivo entender la posibilidad o imposibilidad de dialogar, de utilizar el cuerpo en virtud de encontrar una relación más estrecha y abrir los procesos a otras áreas para vivir una nueva experiencia.
De todo lo planteado quedaron doce conceptos, que fueron ordenados y depurados por las artistas a manera de diccionario, para aprehenderlos desde su propia condición, permitiendo que la teoría -a través de su voluntad y conciencia- tome un destino propio. El mero intento por construir discursos a partir de un diálogo abierto, les ha permitido vagabundear libremente en multifacéticas formas de ver el mundo, la realidad o apariencia del arte y sobre todo les ha brindado la posibilidad de conocer y reconocer al otro.
Esta exposición muestra diversas etapas del proceso de diálogo por medio de códigos de colores y transferencias de textos, imágenes y sonidos en distintos soportes, problematizando el mismo concepto de dialogar, sus posibilidades y sus límites, poniendo en juego elementos como el tiempo, la memoria, lo dicho y lo decible, al tiempo que se expone al extremo más complejo del proceso de diálogo: al interlocutor; ese otro que interpreta y permite a lo dicho proyectarse hacia la acción y el futuro, pero que también puede interpretarse como una frontera incierta, inefable.