Óscar Cueto (Ciudad de México, 1976) trabaja con pintura, animación lineal cuadro por cuadro y escultura. El tema constante al que recurre en su trabajo es el mismo mundo del arte contemporáneo en el contexto del capitalismo vigente, donde la competencia en un mercado muchas veces despiadado puede producir intranquilidad o incluso angustia en los creadores ante la idea de someterse a las reglas del juego. Sin embargo, Cueto toma las cosas con humor y sublima juguetonamente las posibles frustraciones y traumas de ser un artista hoy en día. En general, la obra de Cueto forma parte de un debate actual referente al tema de cómo el dinero y el valor de las obras son parte de las reglas del juego que rigen el mundo del arte, así como el culto a la personalidad que conlleva un peculiar ejercicio de poder y de
status quo implícito en el papel de celebridad o estrella del arte: de ahí que gran parte de su trabajo ironice sobre las principales estrellas actuales y los medios que las hacen (o deshacen). Entre sus múltiples referencias encontramos a artistas, críticos y curadores célebres luchando ferozmente; Maurizio Cattelan, Douglas Gordon, Mariko Mori, Nam June Paik o hasta el mismo Cueto, quien es frecuentemente protagonista, víctima o victimario de sus piezas. En la serie
Artistas que quiero matar encontramos a Matthew Barney, Cindy Sherman, John Bock, Olaf Breuning o Jason Rhoades. Hay otra:
Artistas vs curadores, donde vemos a Montserrat Albores luchando contra Mike Kelley y Sylvie Fleury. Del mismo modo vemos publicaciones que legitiman o deslegitiman carreras enteras como
The Art Book,
Art Today,
Art Now,
Art Forum, siendo usadas como armas letales o incendiadas hasta ser reducidas a cenizas.
Cueto observa la relación del mundo del arte en dependencia al culto de la personalidad, así como el ritual de la inspiración artística. Estos dos aspectos, fama e inspiración, aparecen en forma natural en sus primeras pinturas de pequeño formato. Hoy, fama e inspiración forman uno de los caracteres definitivos de su trabajo.
La muestra que se presenta este invierno en El Cubo consiste en una instalación escultórica que incluye una rampa y diez patinetas intervenidas por el artista, acompañada de una animación cuadro por cuadro proyectada sobre el muro y habla de la puesta en escena que es el mismo mundo del arte; de la competencia muchas veces brutal y la violencia psicológica o hasta física que ésta genera.
“Siempre me ha intrigado lo que representa el personaje del artista para el mundo del arte y lo que es el arte en el mundo contemporáneo. Los medios están provocando que éste sea un espectáculo más, un show. En Inglaterra hay revistas especializadas en dar cuenta de los chismes sobre artistas contemporáneos... El personaje principal de mi obra soy yo, porque me interesa saber por qué estoy haciendo arte. El mote de artista me causa mucha curiosidad, miedo, y me intriga saber si es un iluminado. La verdad creo que no y por eso me burlo, porque creo que es más chamba que otra cosa: levantarse temprano a trabajar, dormirse tarde y esperar que en esas diez o doce horas de labor salga algo interesante.” (1)
(1) Entrevista para El Universal, Domingo 16 de abril, 2006.