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BORIS VISKIN / c e r c a / Pintura
Espacio San Jerónimo 21 / México, D.F.
Curaduría: Julia Newman
hasta el 14 de julio de 2005
 
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El sueño, 2005 / óleo sobre tela y madera / 100 x 120 cm.
Del Talmud:
El sueño es su propia interpretación.
 
 
CERCA.
 
Por Boris Viskin
 
Declarada muerta la trillada discusión sobre la muerte de la pintura, ésta se sacude su ridículo disfraz de sobreviviente y reaparece en su simple desnudez a recorrer los callejones sin salida de esta época post-post-moderna de la mano de sus otros enemigos del alma: la instalación, el video, el objeto y el performance.

Todo hecho y dicho, lo ocurrentemente original sucumbe ante las toneladas de ocurrencias de un siglo de eterna relatividad.

Discernir y separar la honesta ocurrencia del honesto sentimiento parece ser la labor primordial en estos tiempos, en que la mercadotecnia y el arte se funden en una aleación que brilla de oxidada, y que contagia a todos por igual: artistas (yo incluido), curadores, galeras y espectadores en general.

La obra reunida en esta exposición: "Cerca" representa para mi, no un retorno a la Pintura, sino una simple reafirmación de sus poderes a la vez que de sus límites.

No un "Quiubo, dónde andabas?" sino un "Quiubo?" más. Aunque sí: un "Quiubo?" diferente.

Si en Petates, Postales y Paletas (además de coincidir en la letra "P"), existía una batuta de tema que dictaba el ritmo, en "Cerca" cada cuadro pretende contener una intención única e irrepetible, pero que, en la suma con los otros cuadros, logra una unidad a través de ciertas afinidades que en parte explican el título: "Cerca".

"Cerca" como reja que divide y limita un espacio, pero que a la vez permite ver ese espacio a través de ella misma.

Cada cuadro de la serie gira en torno a su propia presencia; una obsesión por radiar el entorno.

Esta obsesión del cuadro conquistó su entorno inmediato, su muralla, su cerca, o sea: el marco. Creando un diálogo con esta "cosa" inerte; a veces creciendo y desbordándose en él, o por el contrario, siendo contenido y contradicho por él. Así: el marco deja de fungir como el objeto que sólo resalta, viste y decora y se introduce al cuadro mismo, formando una simbiosis de la cuál ambos se alimentan.

El marco no sólo como marco decorativo, sino también como marco teórico, como marco de referencia, como marco-pintura.

Pero "Cerca" también como lo opuesto a "Lejos". Pues así como la imagen nos avienta lejos para abarcarla en su totalidad, al rato nos invita a acercarnos y tocar sus ladrillos, descifrar el mensaje oculto, la figura en la alfombra; El soldado y su último gesto en esta tierra. El pincel del que brota la vida. El billete con el cuál baila el perro, el Arte y el artista. La mirada despierta y la mirada con ojos cerrado, la del sueño...

Coincidencias que crean un hilo conductor entre piezas que parecen a primera vista incoherentes, dado que las hay desde la más figurativa hasta la más abstracta, (hay que despistar al enemigo).

La coherencia de lo incoherente: un autorretrato mío, que vivo como retrato de mi época.

 
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La gracia del mar, 2005 / mixta sobre madera / 60 x 70 cm.
Los fantasmas del mar y de los barcos y de los viajes oceánicos existían tan sólo en aquel aliento fresco y rutilante. Pero con el paso de los días, veía como se iba adhiriendo a Ryuji otro de los groseros olores de la rutina de la tierra: el olor del hogar, el olor de los vecinos, el olor de la paz, de las frituras de pescado, de las bromas, del mobiliario que nunca cambiaba de lugar, de los libros del presupuesto familiar, de las excursiones de fin de semana... Todos los pútridos olores que despiden los hombres que habitan la tierra: el hedor de la muerte.

Yukio Mishima

 
 
CERCA, DE BORIS VISKIN.
 
Por Eduardo Milán
 
La polisemia del nombre plantea una contradicción semántica, un desdoblamiento en sentidos casi opuestos de la misma palabra: cerca es lo que pone un límite, lo que separa, pero también lo que protege, lo que defiende. Hay un aquí y un allá y entre ambos la cerca. De este lado o del otro, cerca es actuar sobre el espacio. Cerca, más allá o más acá de lo que separa o defiende, es algo que se establece entre. Luego, el evidente concepto de cercanía. Toda frontera sostiene esa paradoja, incluso la frontera con Estados Unidos. El que habla, da título, nombra el acto de exponer está, dice, cerca. Porque exponer es acercarse al que ve, acercarse en estado de fragilidad: exponer es mostrar (se). La obra es una cerca que no quiere serlo. Y dentro de la obra, el cuadro es otra cerca que, a su vez, está cercado por un marco, enmarcado. Y el marco es como la cerca: separa el arte de lo que no es arte, pone un límite al mundo -un hasta aquí- a la vez que pretende establecer el límite del arte -y comienzo del mundo. En pocas palabras: el acto de la cerca y el acto del marco están ahí para señalar diferencia: esto es -hasta aquí- y esto no es- hasta aquí.

Esta combinación de posibilidades lingüísticas sirve para situar, desde este lado, la capacidad de juego y de metalenguaje de esta reciente exposición de Viskin.

La obra de Boris Viskin es crítica política, religiosa, moral, topológica. Cerca está informada por una noción clara: la noción de límite. Es notorio que una de las claves del mundo actual es la contradicción entre la ideología global que sugiere una libertad expansiva insólita y la verdadera realidad que multiplica sus límites. Aun el de la comunicación, la gran realidad y el gran mito de esta época. La crítica a la comunicación en Viskin no sólo echa mano a la herramienta del humor y del absurdo, dos de sus recursos más conocidos. Aquí, apela a la escritura y a su universo imaginario. Todos los cuadros están sostenidos textualmente.

Son, en su mayoría, literarios. El cuadro expande sus límites en el imaginario escritural. La escritura, por su parte, cerca la obra con su imaginario y con su precisa presencia: los textos están físicamente (muy) cerca de la obra. El texto, fuera del cuadro, oficia de referencia no necesariamente directa. Puede complementar, redondear el concepto que el cuadro plantea de modo, ahora si, extremadamente directo. Un ejemplo: San Pedro es el nombre de la obra que alude al guardián católico del cielo. Más que alude: el cielo es una puerta que permite vislumbrar en profundidad una profusión de nubes. El cruce entre picaporte y cerradura, situados a la extrema derecha y a la mitad de la puerta cuando la lógica indicaría que debe estar en el lado opuesto, parece una cruz a la que le falta la horizontal derecha. El marco, aquí, corta la cruz. Pero San Pedro no está. Todo es San Pedro menos San Pedro: puerta, picaporte, cerradura, nubes. Ese es el concepto San Pedro, incluida la tentación de abrir la puerta y caer al vacío. Ese es el marco de reflexión, la cerca.

 
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Molloy, 2005 / óleo y collage sobre madera / 100 x 120 cm.
-“¿Cuántos días llevo aquí?”
-La eternidad más un miércoles.

Isaac Bashevis Singer

 
 
ESPACIO SAN JERÓNIMO 21
san jerónimo 21
entre isabel la católica y bolívar
centro histórico
méxico, d.f.
 
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