En esta exposición se plantea un diálogo entre mundos aparentemente contradictorios, como el interno (invisible, misterioso y desconocido) y el real (visible, lleno de luces, texturas, velocidad y colores). Un sistema social que estimula el tener sobre el ser, el placer superficial y evasivo sobre la introspección y la contemplación; que utiliza el cuerpo de la mujer como símbolo de deseos y pasiones carnales. Cuerpo fragmentado y “plastificado”, descabezado, imposibilitado de procesar pensamiento alguno. Mujer igual a estereotipo sexual que vende; y la relación entre sexos, un encuentro banal sin mayor trascendencia. Ese cuerpo de mujer expuesto, inflado, procesado tecnológicamente para que pueda rebotar con eficacia contra la retina de los distraídos transeúntes, tiene como fin único propiciar el consumo, la vida fácil, liviana, juguetona; deslastrarnos de la posibilidad de explorar la realidad con otra mirada; de poder profundizar en ese misterio inasible de lo que somos y del para qué estamos. Estas imágenes que invaden nuestras ciudades solicitan de nosotros que seamos ciegos para convertirnos en presas fáciles de aquellos que utilizan nuestra sensualidad; ciegos para que no tengamos más norte que la búsqueda del éxito y el triunfo siguiendo modelos preestablecidos.
Es lamentable verificar que en hoy día, inicios del siglo XXI, después de años de buscar respeto, dignidad y equilibrio entre los derechos de la mujer y del hombre, es cuando más se degradan los aspectos sagrados de sus cuerpos asociándolos con placeres y deseos preponderantemente instintivos. Resulta difícil encontrar que se honre la capacidad que tiene la energía femenina para intuir, preservar, nutrir, compartir y organizar; para ser en definitiva un elemento complementario y esencial que pueda actuar de contrapeso ante las fuerzas guerreras destructivas que se han apoderado de los centros de poder del mundo.
El arte ha sido y es una vía para explorar lo tangible y lo intangible, tanto de lo interno como de lo externo. En la actualidad se entiende que todos existimos en una red de relaciones entre diversas partes de un todo unificado y que, por esa razón, no podemos ya trazar fronteras delimitantes entre las cosas; que nuestro hacer tiene una repercusión inmediata en nuestro entorno aún y cuando no podamos apreciarlo. Esta muestra pretende abordar la aparente dicotomía entre el mundo exterior y la psique que yace dormida debajo de las bengalas de colores del consumo y el placer.
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MARÍA EGEA (Caracas)
AGUA DE COLONIA. Lo femenino, en privado, en público.
Agua de colonia puede ser entendida como una ironía sobre la esencia de lo femenino en su condición de “ser” inmutable definido por su configuración biológica que existe a priori sobre nuestras representaciones. Este antiesencialismo privilegia una perspectiva cultural en la cual las identidades se construyen por medio de las relaciones entre los sujetos y el ámbito social.
Las propuestas de María Egea, Vanna Tursini y Luz María Varela abordan las representaciones de lo femenino en el espacio público desde una reflexión de género, es decir, desde el cuestionamiento de la tradicional construcción dicotómica masculino/femenino que organiza y jerarquiza el orden social, y redimensiona la premisa “lo personal es político” que impulsó desde los años 70 del siglo XX una revisión desconstructiva de los universos de lo “público” y lo “privado”.
Además de ironizar sobre el tratamiento del cuerpo femenino como producto de consumo también introducen reflexiones sobre el rol que asumen algunas mujeres en la actividad bélica y ponen en tela de juicio la condición de “feminidad” cuando se actúa a favor del dominio avasallante del falocentrismo, que favorece el poder expansivo por sobre los valores de solidaridad y transversalidad asociados a la condición femenina como modelo cultural.
En las imágenes de estas artistas las figuras femeninas evidencian su condición de sacrificio de la identidad en pro del rating o del merchandising cuando aparecen sometidas a flechas que atraviesan sus cuerpos, amordazadas o intervenidas por todo tipo de elementos, exaltando así las formas publicitarias que tapizan la ciudad con poses recortadas, en las cuales se exhiben ampliamente pechos y nalgas, obviando otros valores identitarios más dignificantes.
La muestra estimula un debate sobre los mecanismos de representación que continúan colocando a algunos sujetos en condición de “naturaleza a domesticar” y desde la activación del humor y la ironía, estas artistas y sus invitadas expresan el deseo de cómo quieren ser representadas las mujeres en la actualidad. Las imágenes se crean desde la conciencia del juego de transacciones simbólicas que se sostienen sobre las diferencias sexuales, que crean tramas de poder desde los órganos sexuales, continuando con los códigos de masculinidad y feminidad, para definir las identidades sexuales normales y “anormales”.
Agua de colonia nos ofrece la oportunidad de activar nuestro deseo femenino de ser valoradas como sujetos sociales activos corporal e intelectualmente dentro de una visión de mundo plural y generosa, más allá de la simple valla que nos reduce al horizonte de objeto de consumo.
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VANNA TURSINI (Caracas)
Fundación CELARG Sala RG Av. Luis Roche con tercera transversal Altamira, Caracas 1062 Venezuela Tel: 285 27 21