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CLAUDIA PÉREZ-PAVÓN EN MACO
MACO ® MÉXICO ARTE CONTEMPORÁNEO 2005
Stand de la Galería Drexel (Monterrey, México)
jueves 21 de abril de 2005: 7 a 11 p.m.
 
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Tres fragmentos de la serie “gente tocada” fray tormenta
óleo sobre caoba / políptico de 8 piezas / 20 x 30 cm. c/u / 2005
 
CLAUDIA MIRANDO LA PINTURA
 
Por Noemí Luis Gutiérrez
México. Abril de 2005
 
La casa de la artista mexicana Claudia Pérez-Pavón es parecida a sus cuadros; una serie de espacios en apariencia laberínticos unidos por un espacio central en el que uno es sorprendido constantemente por una gran variedad de gatos. Esta misma estructura existe en sus piezas, que concibe en series de ocho pequeños formatos (20 x 30 cm. aprox.) colocados en orden sucesivo en su iluminado estudio. Es imprescindible ir acercándose a estos polípticos para ver la factura de sus cuadros. Y como si se tratara de una mirada de gatos los personajes y situaciones representados en ellos son vistos desde diferentes perspectivas.

Donde más claramente percibimos esta multiplicidad de puntos de vistas es de la serie sobre las miradas Bar en Venecia donde la artista propone un relato captado desde diferentes ángulos y el ojo actúa como una cámara de cine. El relato se estructura por el uso de recursos como la elipsis, las anticipaciones, etcétera, al tiempo que la mirada efectúa algo similar a un trabajo de edición fílmica. Bar en Venecia narrativamente muestra tres personajes modernos en un bar de arquitectura barroca. Los recursos y el espíritu velazquiano de esta pieza se dan por la forma en que el espacio pictórico es dinamizado por varios puntos de fuga que espejos y puertas producen en el espacio virtual de la pintura. Todo esto genera dinamismo al relato y relatividad a las relaciones entre lo representado y la mirada.

Los polípticos de Claudia Pérez-Pavón exigen que el espectador actualice la noción del enfoque. Así, de lejos, sus cuadros, debido al formato, apenas se hacen “visibles” sin embargo, una vez que nos aproximemos notaremos esa variación que la mirada ejerce sobre el objeto. Sin embargo no hay que suponer que la habilidad para las formas clásicas del dibujo, el color, la perspectiva concluyen la intención de su trabajo, por el contrario, tales premisas son el punto de partida para nuevas exploraciones de sentido y renovadas lecturas de la tradición pictórica occidental. Para mí el asunto central de su pintura es el trabajo de la mirada, los procesos físicos y culturales y emocionales de la mirada.

La obra de Claudia lleva a la reflexión sobre el lenguaje de la pintura ya que esta artista, formada en la academia y que no oculta su deuda con el arte del barroco italiano, retoma dicho lenguaje para introducir en él una serie de cuestionamientos que abarcan tanto los aspectos puramente ópticos, visuales del espacio y el tiempo virtual del cuadro como la relación dinámica entre lo representado y la posición del sujeto que observa. Tal replanteamiento del espacio y del tiempo en la pieza implica una reapropiación de los valores y elementos tradicionales del arte pictórico y a su vez una exploración de las posibilidades del espacio pictórico.

La confianza en las posibilidades expresivas de la pintura conduce la obra de esta artista a incorporar los lenguajes de las nuevas tendencias tales como la fotografía, el video o la instalación como parte de la sintaxis propia de la pintura, en un proceso de retroalimentación en el cual el cuadro como soporte, el óleo como técnica y el sentimiento del color y de la pincelada incorporan ingredientes de estos nuevos lenguajes amplificando los límites del arte pictórico desde el que se establece el discurso.

Los polípticos que Claudia Pérez-Pavón crea, producen una curiosa impresión a caballo entre lo contemporaneo y la tradición. La tradición es despertada e interrogada como si todas las preguntas aún fueran posibles desde ella. Conversar con Claudia sobre su trabajo es sentirse renovadamente sorprendido por planteamientos eminentemente pictóricos y la pintura, en diálogo con ella vuelve a ser un arte y una ciencia, una técnica enigmática, algo que a la vez es claro e indescifrado. Esta vez no uso la palabra “descifrar” para ganar simpatías con el misterio sino porque las piezas de Claudia efectivamente proponen un enigma al espectador. Ese enigma deriva de poner en juego premisas de la óptica, cuestiones de perspectiva, deriva de la composición y nos induce a situarnos en diferentes puntos de mira, nos induce al redescubrimiento de estructuras intrínsecas al arte pictórico o, más bien, a ciertas cualidades intrínseca a las imágenes visuales.

Los recursos plásticos que Claudia pone a funcionar en sus piezas son parte de una narración, un relato en el que la pintura es a su vez personaje que define el carácter y el tono de la anécdota. El aspecto narrativo de su pintura nos conduce a otra de las características centrales de su trabajo: el interés por ciertos temas. Cada políptico presenta un relato y los unifica un tema. En cada uno de los polípticos Claudia Pérez-Pavón se ha acercado a una temática diferente y dichas temáticas se organizan alrededor de dos ejes fundamentales a su visión: el arte y lo cotidiano. En cuanto a los temas del arte están sus piezas El pintor y su modelo, Bar en Venencia, El coleccionista. Confrontaciones de la serie sobre las miradas.

 
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Tres fragmentos de la serie “gente tocada” los milagros
óleo sobre caoba / políptico de 8 piezas / 15 x 30 cm. c/u / 2003-2004
(el espesor de 5 de las piezas es de 4 cm. y el de las otras tres de 5.5 cm.)
 
Hoy el arte vuelve a sus raíces mágicas desde unos signos antropológicos bien sean estos asumidos en la inmediatez de lo mimético o bien desde lo intelectivo a partir de re-elaboraciones o apropiaciones. La realidad que sólo puede ser transfigurada desde el arte constituye una fracción en discordia con un todo, sea este todo el Estado, la religión, la política o cualquiera de las variantes del poder, o sea este todo fragmentos de realidad entrevistos en meras situaciones cotidianas.

El interés por lo cotidiano como uno de los ejes vertebrales en la obra de Claudia Pérez-Pavón está en la pieza Los milagros en la que desarrolla el tema de la curación milagrosa y enfatiza el aspecto histriónico o hipnótico de la gestualidad, de las expresiones faciales. Este tema aparece también en su serie de retratos titulado Tez y vuelve a ser retomado en gloria de la serie gente tocada donde el énfasis se pone en la figuración más descarnada de la sexualidad y la expresión facial, el gesto y el instante de transmutación o delirio que ya había abordado en Los milagros o en Tez se convierten en el centro de sus indagaciones.

Las piezas que Claudia Pérez-Pavón concibe en pequeños formatos y en número de ocho, son un relato en movimiento. Claudia acciona de este modo la noción de lo temporal, de una temporalidad captada tanto en lo sucesivo como en lo simultáneo. Ante un políptico de Claudia sentimos que “eso” está sucediendo “ahora”: existe el tiempo como un valor, un valor intrínseco a las imágenes.

Hay en todos los polípticos una gran presencia de la figura humana, o mejor, del cuerpo. En la obra de Claudia, el cuerpo adquiere significados que recorren desde la cuestión dialéctica de las relaciones sujeto-objeto, hasta la cuestión morbosa o epifánica del nacimiento de la gestualidad. Si antes dije que el tema central de su obra son los procesos físicos, culturales y emocionales de la mirada, tendría que añadir a esto que en la obra de Claudia existe la vida como “Performance”. Y estas piezas se presentan en calidad de ritual, en tanto representación y liturgia de la vida.

En el 2000 fue premiada en la Bienal Tamayo Bar en Venecia de la serie sobre las miradas. Quien conozca el museo habrá notado cómo el pequeño espacio de sus piezas contradice en algún sentido esa especie de competencia o reto que todo artista encara al tener que establecer un diálogo con un determinado espacio. Claudia Pérez-Pavón, con su pequeño formato domina lo imponente de una arquitectura. Con su pequeño formato domina la idea del arte.

 
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Tres fragmentos de la serie “gente tocada” gloria
óleo sobre metal / políptico de 8 piezas / 20 x 25 cm. c/u / 2004-2005
 
RELATO, RETARDO Y RETRATO
Pinceladas en torno a la obra pictórica de Claudia Pérez-Pavón
 
Por Alejandro Robles
 
Todo suceso real o fingido entraña un relato. Todo relato implica también un retardo. La fotografía, el lápiz o el pincel, dilatan ese retardo; lo condensan, lo sintetizan, lo paralizan hasta detenerlo en un movimiento suspendido, en un retrato.

En una habitación de paredes de color carmesí, una joven pelirroja, de cabello rojo como una antorcha, es penetrada a la vez por la vagina y por el ano, gime y grita de placer. La escena es sofocante, el sopor y la excitación se tornan cada vez más intensos. De pronto la cámara se detiene en los vivos ojos azules de la joven. En un contexto poético los ojos son una metáfora del alma, pero en la pornografía no hay sublimaciones poéticas. Me pregunto por qué la cámara se detiene entonces en sus penetrantes ojos azules. Contemplo sus pupilas tan azules como el océano y comprendo que en ese instante sus ojos son el único espacio refrescante y frío de la habitación.

 
CLAUDIA PÉREZ-PAVÓN en ARTEVEN.COM
CLAUDIA PÉREZ-PAVÓN sitio web
 
 
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