 | |  |  | | | | | ARTEVEN.COM | | | | | • • | • • | | | ::: | | | | | | GERTRUDIS RIVALTA (Santa Clara, Cuba, 1971) | | Fnimaniev!! | | Pintura, dibujo y video | | Proyección del video Homenaje a los grandes documentalistas censurados en Cuba titulado Censurcuba | | Galería Aural / Alicante, España | | hasta noviembre 27 de 2004 | • | | Gertrudis Rivalta: Imágenes de un mundo imaginado | | | | Por Kevin Power | | Traducción: Elena González | | | | Gertrudis Rivalta es una artista que posee una inmensa facilidad para el dibujo, un talento natural envidiable. En esta serie ha retomado sus obras en gran formato basadas en fotografías. Encuentro su obra mucho más interesante cuando utiliza las circunstancias particulares de su propia historia, sus preocupaciones intelectuales y emocionales. Las obras de esta exposición son conceptuales y se sirven de la apropiación posmoderna. En otras palabras, busca fotografías en archivos, revistas o periódicos que narren visualmente los temas que desea examinar para después comunicarlos. El acto de dibujarlas y pintarlas constituye quizá una reflexión emocional sobre el contenido que le deja un margen para insertar directamente su propia energía, una energía “sentida”. Rivalta ya hizo uso de la famosa serie de retratos de la Habana de Walker Evans, una serie reportaje en la que Evans cae de manera simplista en la trampa de identificar el crimen, la mafia, el exotismo cubano con el cliché de la raza. El mulato se representa como la encarnación del “otro” vista por el blanco, cuando éste le mira inconscientemente y con temor; se le exhibe disponiendo orgullosamente sus mercancías en la calle mientras el blanco está sentado en su casa bebiendo daiquiri, refugiado en su superioridad incuestionable. Gertrudis Rivalta revierte dicha mirada y se apropia de las imágenes de Evans para utilizarlas, al mismo tiempo insistiendo en que los prejuicios perduran, en que el racismo es un problema desde el momento en que las razas se mezclan, especialmente para el grupo minoritario, y en que el color todavía se utiliza como escala de valor, con el negro en último lugar.
En esta ocasión recurre a unas imágenes extraordinariamente elocuentes de sueños falsos, la Revolución, la situación de la mujer en la sociedad cubana y, una vez más, la raza. Lo que queda claro es que, aunque la manera de abordar las cuestiones de identidad sea elíptica, teórica o creativa, las exploraciones y juicios concretos sobre la política y el juego del poder no se pueden dejar a un lado. Pero he decir desde el principio que su obra no debe contemplarse como un objeto decorativo, como algo que simplemente se adapta a una idea más profunda, sino que claramente llama la atención por sus propios méritos y argumentos. Y por otra parte, cuando el arte se reduce a una teoría representada visualmente, o aún peor, cuando la experiencia estética está de antemano determinada, la obra pasa a ser víctima de una captura ideológica. Éste no es el caso de la obra de Rivalta: las imágenes funcionan y el virtuosismo y la seguridad de la técnica no sólo convence sino que además seduce. Permítanme entonces regresar al argumento principal. Rivalta ha concentrado su atención en la situación de la mujer cubana en los años sesenta y principios de los setenta, es decir, dentro del marco eufórico de la Revolución. Esta situación de la mujer cubana sirve de índice para un fenómeno sociológico más amplio. Las imágenes de Rivalta revelan las pautas de comportamiento que caracterizaron aquellos tiempos y que construirían los principios sobre los que se basa la sociedad cubana y, en buena medida, muchos de los cambios que han tenido lugar en el terreno socioeconómico. La pregunta que se hace Rivalta es sencilla, pero muy pertinente. ¿Por qué las mujeres, independientemente de su raza, asumen o imitan un modelo de comportamiento que procede de una cultura que, no sólo es muy diferente, sino también distante, si pensamos en distancia física? Ésta es, por supuesto, una pregunta clave de la teoría poscolonial y no sólo se aplica a las mujeres, sino que incluye también a los hombres. Este mimetismo penetra psicológicamente afectando a la manera de vestir, al uso del lenguaje, a las ambiciones, al peinado, a la educación y a la comida. Viene a ser lo mismo que una invasión a gran escala de la intimidad y del yo. Rivalta nos pregunta cómo puede este proceso ganar validez y ser aceptado en todos los niveles de la sociedad, y sus imágenes revelan y declaran estas intenciones. Las respuestas que ella aporta son que estos comportamientos y gestos eran una estrategia de supervivencia por medio de la cual la mujer cubana seguía a ciegas aquello que consideraba positivo o aquello que el régimen quería que ella viera positivo; o por otra parte, que lo que realmente estaba teniendo lugar era un gran espectáculo de simulación en una sociedad que conscientemente era ya una sociedad de espectáculo ideológico. Utiliza la expresión de Jean Baudrillard “hiperrealismo de la simulación”, según la cual un modelo externo se convierte en uno local mediante contraposición o imitación, simplemente porque ha tenido éxito. De esta forma, detalles insignificantes de la vida cotidiana -modas triviales, por ejemplo- pueden asumir significados trascendentes o “espectaculares”, evolucionar y abarcar nuevas áreas de significado. Lo que inicialmente era sólo una metáfora adquiere valor absoluto en lo que es un espacio simulado. En esta serie, Rivalta explica su argumento mediante las imágenes. Los profundos cambios de la sociedad cubana se debieron a una colaboración intensificada, a intercambios y comunicación con los países del bloque del Este, el CAME, y especialmente con la Unión Soviética. La intensa presencia soviética en Cuba llevó a cambios fundamentales en la situación política y económica. Fueron los años de la Zafra, del monocultivo del azúcar, de programas y objetivos, de falsas estadísticas, de trabajo colectivo para lograr un futuro brillante, de “todo para el pueblo” y demás eslóganes utópicos; el tiempo de los carteles y pósters, de los artistas que trabajaban para el beneficio del Estado. 1969 fue el año en que más matrimonios se celebraron, y 1970 y 1971 los años en que inevitablemente hubo mayor número de divorcios. La gente se encontró viviendo patrones distintos y nuevas ambiciones, pero se trató más de una identificación superficial que de una asimilación real. Aquellos cuya suerte mejoró, gritaron, trabajaron e incluso creyeron; los que no obtuvieron ningún beneficio se callaron. Fueron los años de anomalías y contradicciones, los años de Van Van, el grupo memorable de salsa que lideraba Juan Formel, cuya música celebra las diferencias fundamentales entre las culturas, las distintas maneras de percibir el mundo y de pertenecer a él. De hecho, esta banda tomó su nombre de un popular eslogan de aquel tiempo: “Los diez millones que van, van”, que se refiere a la cantidad de caña de azúcar que se había marcado como objetivo de producción anual.
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| | | | Una de sus imágenes consiste en numerosos retratos de mujeres cubanas, negras, mulatas, blancas, unidas en su estilo soviético eufórico, deslumbradas por la tierra prometida. La obra alude a la cantidad de niños que nacieron en aquellos años y que más tarde se amontonaban en las escuelas llevando los lazos iguales que los de las niñas soviéticas los cuales, como Rivalta destaca, les dieron muchísimo calor. Perdónenme la digresión, pero hay una comparación extraordinaria que merece la pena hacer. ¿Qué estaba haciendo Norteamérica en esos años? La guerra fría, hay que reconocerlo, pero al mismo tiempo se hallaba atrapada en medio de una revolución de drogas psicodélicas. Supongo que todo es una cuestión de perspectiva. Un sentido de ética y de ideología nos devolvería seguramente a Cuba en cuanto a esperanza de futuro en ese periodo, pero no se debe de olvidar que la cultura psicodélica fue una cultura real. O no recuerdan a los primeros Stones, Coltrane, Bird, John Lee Hooker, Johnny Cash, Jimi Hendrix. Fue un tiempo en que la gente, más que ver entendió las cosas. Fue una cultura que sorprendentemente era pública y social. Generó una política que otras drogas no consiguieron. La cultura de la heroína ha producido músicos de jazz geniales, así como aún más geniales escritores; la de las anfetaminas ha arrancado millones de magníficas canciones country, motocicletas estilo easy rider, montones de alta moda y algo de arte reluciente; y gracias -pero no gracias- a la cocaína tenemos películas de Rambo, discotecas y el análisis freudiano. La cultura psicodélica fue diferente porque la América protestante encuentra muy difícil censurar algo que anuncia una revelación carismática; por esta razón, el ácido de los sesenta se percibía como algo más raro que malo. ¿De donde saca Rivalta las imágenes? Son una mezcla ecléctica, el resultado de investigar y pensar. Gertrudis ha hecho siempre uso de viejas fotos de familia, tal vez como una forma de consolidar su propio sentido del lugar y pertenencia, o tal vez sólo para darle continuidad y duración. Hay una imagen de la fiesta del quince cumpleaños de su hermana Nildita hace pocos meses, retocada para encajar con la moda de los setenta. De dicha imagen Rivalta comenta: “Es el retrato de mi hermana Nildita en sus 15 años. En la diadema que lleva en la cabeza está la imagen del Kremlin y en el suelo hay algunas zonas de color que son el suelo de la cámara de las facetas del Kremlin. Lo reproduje exactamente como es, pero en perspectiva, y luego pinte y dibuje sobre todo el vestido de quinceañera de mi hermana. Una cosa se superpone a la otra, tal y como se arma lo que creemos que es la identidad, pero al final quedan siempre los conceptos base sobre los que esta se construye, se transforma... y se impone. El titulo es: Fnimanief, que es la fonética de la palabra ‘Atención’ pero en ruso. La tomé de la versión rusa de la fábula que relata la competencia entre la liebre y la tortuga, una fábula que ponían en Cuba. Ya tú sabes me marcaron bastante, en cuanto a que dejaban muy claro lo que querían que fuéramos e hiciéramos, en fin, lo que somos now. Siempre tienes que parecerte a alguien, responder al modelo que está de moda, un concepto errado sobre lo que es estar actualizado y ser funcional; de este modo, las fuentes verdaderas, por llamarlas de alguna manera, siempre quedan opacadas”.(1) Hay también imágenes sacadas de revistas como Bohemia o Mujeres, que fueron populares en aquel periodo. Y finalmente hay imágenes que proceden de un documental sobre la obra del fotógrafo Luc Chessex. A Rivalta le impresionaron particularmente las imágenes de una exposición que hizo Chessex hacia finales de los sesenta, llamada Fotomentira. Probablemente Chessex expuso aquellas fotos en el mismo tiempo en que estaba dirigiendo el clásico film cubano Memorias del subdesarrollo -película que se centra en los dilemas del intelectual cuando se enfrenta a los ajustes y exigencias de la revolución-. En esta exposición, lo que intentó hacer fue confrontar sus ideas sobre fotografía con las de Cartier Bresson, tomando una postura claramente en contra de lo que Cartier llamó el “momento decisivo”, y basando su argumentación en la desmitificación de la imagen estándar y estereotípica de la mujer. Rivalta acepta totalmente la posición de Chessex frente a Bresson, pero choca frontalmente con la imagen que éste tiene de la mujer. Lo que intenta esta serie es reconstruir esta imagen desmitificada. A Rivalta, mulata cubana, le han intrigado y enojado siempre las sutilezas del racismo, las maneras en que los prejuicios subyacen al proceso de formación de estereotipos. Entre los relatos más convincentes sobre el racismo contemporáneo está el trabajo de Etienne Balibar, quien señala un cambio en el viejo discurso de las supuestas diferencias biológicas entre las razas, que en la actualidad ha derivado en un nuevo lenguaje de intercambio entre culturas. Tras esta aparente corrección política se forja una nueva versión del viejo racismo: “Se trata de un racismo cuyo principio dominante no es la herencia biológica, sino la incapacidad de superar las diferencias culturales, un racismo que, a primera vista, no postula por la superioridad de ciertos grupos o pueblos en relación con otros, sino ‘sólo’ por lo dañino que resultaría abolir fronteras y por la incompatibilidad de los modos de vida y las tradiciones”.(2) El racismo ya no actúa tanto en función de las oposiciones binarias entre el colonizador y el colonizado -la estrategia del viejo racismo biológico- como por inclusión. El odio que ha surgido a causa de la proximidad entre los grupos propia de este mundo de migración masiva certifica que la exclusión racial se produce generalmente como resultado de una inclusión injusta, diferente entre los grupos. El viejo racismo entendía la exclusión como algo necesario y absoluto, el producto de la herencia genética, innata, de los no europeos. El nuevo abandona este universalismo a favor de una inclusión profundamente diferenciada. En la nueva Europa, por ejemplo, “somos” todos europeos, pero la “vieja Europa” continúa ocupando el centro del escenario. Como ya he mencionado, Gertrudis Rivalta se ocupa de su contexto específico, pero las ideas sobre el odio que nace en la proximidad, y la falsa estrategia de inclusión conforman la otra cara de la moneda que hay en el hechizo momentáneo del mimetismo, parte del clima cubano de los setenta. La mujer cubana no sólo se sentía atraída por el, para ella, exotismo de la mujer rusa, blanca entre las blancas, sino también abrumada por la ideología del sueño utópico que, de alguna manera, parecía emanar de su imagen. Blancanieves había llegado a la Habana, y la gente sentía que había un príncipe en cualquier esquina, probablemente todavía conduciendo un Chevrolet, pero aún así llevando a todos a una tierra mejor. De cualquier forma, la intención de Rivalta es volver a dignificar esta imagen y reafirmar así el orgullo del yo. A mi parecer, esto sería una medida correctiva importante en estos tiempos posmodernos, en los que el consumo del “otro” en el aspecto material, intelectual y espiritual se ha convertido en el signo de los tiempos. El mundo del arte, como el de la música, anuncia un sentimentalismo entre los poderosos, un divertimento sin responsabilidades y una nostalgia falsa de un estado de inocencia cultural mitificado que alguna vez tuvo occidente y que no tienen las regiones pobres de nuestro tiempo. El culto sentimentalista a la autenticidad, el falso respeto a las otras culturas permite, y en efecto exige, que se controlen las tradiciones y se preserven las formas de vida para proporcionar una corriente de novedad que divierta a la élite. Rivalta estudia la forma en que los contextos culturales construyen nuestras imágenes y nos advierte de que hemos de tomar plena conciencia de lo que está sucediendo. ¡La imagen reflejada en el espejo siempre pregunta quién es el más bello! Rivalta desea pintar la galería con imitaciones de los papeles que se utilizaban en Cuba para empapelar las paredes de los hogares cubanos durante este periodo. Este deseo responde una vez más a su intención de llamar la atención a cómo el europeo se convirtió en un modelo de éxito, de felicidad, de estilo de vida, y a cómo se redujeron más tarde los ideales de la revolución a la banalidad de las apariencias externas. El papel para las paredes no es conveniente para la humedad benévola del clima cubano; la absurdidad de tal elección muestra el extremo hasta el cual la mente sucumbe a la “imagen del yo” social e ideológicamente proyectada. Esta es una bonita serie de obras; la elección por parte de Rivalta de la técnica de la apropiación encaja inmejorablemente con la intención conceptual. A través de esta técnica nos descubre la manera en que las imágenes se construyen a partir de distintos orígenes o fuentes, y asimismo la manera en que nosotros construimos la imagen de nosotros mismos. Sus reproducciones de fotografías dibujadas y pintadas a mano nos advierten del bombardeo seductor del mundo de la imagen, y exigen una medida diferente del tiempo y del sentimiento. Y por extensión, también argumentaría que afirman la necesidad de un constructo social diferente, quizá incluso de una cultura global de democracia radical.
| | | | (1) - Carta de la artista al autor (N del T). | | (2) - Balibar, E., and Wallerstein I., Race, Nation, Class: Ambiguous Identities, Verso, London, 1991, p.21 | | | • | | | Informes: Begoña Martínez Deltell Dtra. Galería Aural Churruca, 3 03003 Alicante-España +34 965 92 49 19 | | | | • • | • • | | |  | | | | |  |  | |  | |