Desde el principio del sol las cosas vienen transportadas, nacidas del interior que mira hacia el encuentro. Lo palpable se abandona camino de la forma plana, soñada. La ilusión se vuelve corpórea y el contorno de la contraposición define la luz imaginada, presentándose como una sombra. Contraluz: transparencia opaca, mirada desde el interior, sombra flotante que desdibuja su precipitado origen. Una puerta negra (oscura) siempre cerrada y una puerta blanca (luminosa) siempre abierta, de la que no para de entrar y salir gente: ambas hijas del umbral. Las cosas más cercanas se sitúan, visualmente, en el plano más lejano. Contraluz atraviesa la pared. Desde los espacios interiores se definen las caras vistas de las casas hacinadas y el adentro de éstas, y las sombras, proyectadas al capricho de las corrientes de aire, coquetean en su ir y venir, mostrando así la multiplicidad que las ocupa, en su recorrido, cuando al nombrarlas las separamos de su entorno. Luego la fiesta: la visita de las luces y las sombras y su algarabía ocular de ojos glaucos que, caída a contraluz, deshace el embrollo del Tiempo y su dualidad. Revuelta visual sin concesiones: la luz forja el encuentro entre las cosas y así se redime un aire relativo sobre nuestras posiciones. La cortina, suave pero afilado recorte sobre el sol, papel a contraluz que ha sido trazado con la tijera dentada, arremete transversalmente, como péndulo de entrada y salida de la ventana, contra los extremos. Límites que la durmiente, en su papel custodio nacido del alféizar, mantiene en su sitio, impidiendo así tanto la aproximación como la separación entre ambos. La caída de ceniza de un cigarrillo sobre el cuerpo, confundida, a su vez, con la consentida custodia de unos dedos sobre la espalda, de cuyo calado se conmemora, cuidadosamente, el cariz de la corrida carmesí. En día soleado, como hoy, los árboles crecen y salen de su feudo: las hojas y las ramas se desplazan entre los cuerpos vecinos, y su presencia, proyectada a ras de suelo, aumenta el archipiélago de sombras y claros en el que se nutre el tacto primordial de la jara. Sobre la fuente cuelga el contraluz del sauce y su celosía en rama... |