El cuerpo humano es el gran parámetro de la vida. Su dimensión establece una relación espacial con el mundo que lo rodea y sus formas encuentran constante representación en la naturaleza.
En la serie titulada Árboles de Carne procuro que el espectador participe con su memoria y su capacidad asociativa, en la búsqueda de la relación inscrita entre la piel de los árboles y la vasta geografía del cuerpo.
En las formas, pliegos y surcos delimitados en cada imagen se encuentran ocultos, y a su vez visibles, referentes de nuestra sensualidad y erotismo, tal como si la naturaleza celebrase al cuerpo y su fecundidad.
La intención detrás de estas imágenes fotográficas es que el espectador se reconozca a así mismo mediante estas metáforas del cuerpo, exentas de canon y de prejuicios. Quizás así, recuerde lo natural que es la percepción de la belleza.