ARTEVEN.COM Arte Contemporáneo | JUAN CARLOS CASTILLO - Pintura / México
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TRAYECTORIA
 
1971
Puebla, Pue., México.
 
 
EXPOSICIONES INDIVIDUALES

2007
Would I be nothing? Sitio3 Galería. Puebla, Pue., México.
2005
Marea roja. Obra reciente. Club Enológico il Venezizno. Boca del Río, Ver., México.
2004
Aqua. World Trade Center. Veracruz, Ver., México.
Obsesión. Le Nubo. Tehuacán. Puebla, Pue., México.
2003
Obsesión (azul). Galería Bleu. Puebla, Pue., México.
2001
La vida ante la muerte. Centro Cultural Minas Gerais. Puebla, Pue., México.
2000
Intereses. Instituto Cultural Poblano. Puebla, Pue., México.
Tierra de fuego. La Garita. Puebla, Pue., México.


EXPOSICIONES COLECTIVAS

2007
Cinco Pintores Latinoamericanos. Jadithe Gallery. Nueva York, NY, E.U.A.
2006
Venta. Entre Estudio y Galería. Puebla, Pue., México.
2005
Retrato contemporáneo. Galería de Arte Contemporáneo y Diseño. Puebla, Pue., México.
2003
Homenaje al maestro José Lazcarro. Museo de Arte San Pedro. Puebla, Pue., México.
Venta de bodega. Entre Estudio y Galería. Puebla, Pue., México.
2002
José Lazcarro y Juan Carlos Castillo. Obra reciente. Galería Bleu. Puebla, Pue., México.
2000
Venta de bodega. Entre Estudio y Galería. Puebla, Pue., México.
1998
Fin de milenio. Universidad de las Américas. Puebla, Pue., México.

 
Juan Carlos Castillo - foto 6
El séptimo día, 2006
 
 
TEXTO
 
JUAN CARLOS CASTILLO. INQUIETUD EXISTENCIAL
 
Por Ramón Almela (www.criticarte.com)
 
Múltiples jaulas dispersas por el suelo organizan el espacio de una sala en la galería Sitio3 (17 Poniente 916, interior 4, Puebla/ www.sitio3.com) por donde paredes repletas de trazos abstractos dan entrada visual a una pieza central de la exposición Would I be nothing? de Juan Carlos Castillo: Una monumental pintura de un tiburón con las fauces dispuestas y los ojos estáticos parecen fijarse en uno. Mirada de muerte. La imagen es acompañada de un texto: DEPRE/DADOR. Esta descomposición de la palabra remite a conceptos de la existencia expresados por Miguel de Unamuno en su obra Del sentimiento trágico de la vida: "Vivir es darse, perpetuarse, y perpetuarse y darse es morir", e inevitablemente evoca también la impresionante pieza de Damien Hirst del tiburón tigre disecado en una vitrina de formaldehído titulada La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo, materialización de la idea también expresada por Miguel de Unamuno: "Imposible nos es, en efecto, concebirnos como no existentes"

Castillo, a fuerza de introspección y ahondamiento vital conduce su expresión plástica a dimensiones de crítica existencial, dudas del propio ser, que son cuestiones que inquietan a todo individuo: La radical angustia vital, la vivencia del límite de la existencia humana. La cantidad de retratos frontales en la exposición desafían al espectador con la vitalidad de la mirada, la vida... el brillo del existir que tan frágil resulta cuando entra en escena su opuesto: La muerte,... la nada... ¿Seré nada? Se pregunta Juan Carlos.

La parafernalia construida con la religión para mitigar y asimilar las dos definitivas verdades, la vida y la muerte, son puestas en juego en la imagen que brinda la pintura de Juan Carlos en una propuesta ambital de relación activa entre el espacio, la pintura y el espectador. Esta religión aludida se muestra como último apoyo ante el precipicio y vacío de la nada... Mirarse al espejo, y ante la imagen especular encontrar el rastro caligráfico en un "post-it" cotidiano Who are you. Encontrar la simbolización teológico-católica de la Trinidad, el Cristo representado en la figura de un niño con los estigmas en pose de El Salvador bajo el título No matarás. El Espíritu Santo figurado en otro encuentro visual infantil. La Virginidad de María personificada en un retrato. Las negaciones de San Pedro antes que cantara el gallo, cuya figura amenazante desborda con la mirada la superficie en otra obra.

Toda una sucesión de imágenes y referencias. La conjugación de sus piezas parece intentar mitigar la obsesión instalada en la sociedad mexicana sujeta a la idea de trascendencia de corte católico, y con ello, la forma de comprender la individualidad, el ser y la persona. Cuando el artista se cuestiona su identidad ha de replantear estas trazas de catolicidad, más si se es poblano, que enmarcan la comprensión de su realidad que el personaje común asume sin dudar, asimilándola como su propia identidad. Ésta es la pregunta que subyace en el fondo de cada obra, en el entorno del escenario creado con estas instalaciones. Es la vibrante reflexión de Juan Carlos ahondando en su esencia; Una persona inquieta por la vida y su sentido. Sentido que emerge del esquema triádico entre el ser, ineludiblemente unido al aparecer y el percibir; Existir es la clave de esta aglutinación. Cualquiera que sea el sentido de la vida, es, al final, el punto que sostiene con sus imágenes: Tu definición interior aparecerá en la confrontación con la mirada del otro, que aporta un reconocimiento de nuestra identidad. Se sabe lo que uno es por la percepción de la mirada viva del otro.

Lo que conmueve de la presentación de Juan Carlos es la constante referencia al vacío y el olvido como aglutinador de la emoción y la percepción. La religión como paradigma de normas y proyección escatológica carece de sustento actual en su afán de espolear la angustia con la culpa y el pecado, en vez de promover el diálogo y la constatación de los cambios de la sociedad, propugnando modelos éticos globales para sobrevivir. Este vacío parece ser la representación inmaterial de la angustia existencial hacia la que los cuestionamientos vitales derivan.

En la misma línea, la negación es una de las características de la concepción del ser humano de Jean Paul Sartre en su libro El ser y la nada como una entidad "para-sí", como una conciencia autónoma distinta de los otros seres del universo por su habilidad de diferenciar, de poner en cuestión. Estas emociones y sentimientos destilados bajo las preguntas en las obras de Juan Carlos "¿Seré nada?" "¿Quién soy?" "¿Quién eres?" o la afirmación "Existo" confrontan al espectador con la fragilidad de la existencia, confrontan la percepción de las miradas directas de los retratos que parecen lanzar constantemente la interrogación de la muerte sin mencionarla. La conciencia de la muerte es la característica del ser humano y su existencia viene marcada por la anticipación de la misma. La religión es una respuesta más a esos cuestionamientos ¿Qué queda cuando se rechaza la religión?

La contestación se construye silenciosamente entre las paredes de la propia exposición y, sintomáticamente, de modo efímero; Pinturas que no son obras destinadas a su comercialización: Sobre un muro en blanco aparece la figura del pescadito protagonista de la película Buscando a Nemo sobrepuesta a trazos pictóricos y tipográficos descuidados que emiten una afirmación: Buscando algo, "lo que sea". En otra, incorpora de modo activo, revistiéndola de color rosa revitalizando una materia inerte, una piedra del muro visible en otra de las salas, la cual atrapó la atención del artista en el montaje. Una invitación a existir, a compartir el tiempo distinguiéndola dentro de la exposición, tan lejos de la frase que en otra pared sobresale: "Acá no puede vivir nada", frase utilizada por el vendedor de las jaulas al entregar las que incluiría en la instalación.

El ser viviente es la fuerza que late en las cuestiones que, a través de la plástica pictórica y la instalación, utiliza Juan Carlos Castillo para explayar sus propias dudas que, como todo ser humano posee, pero que como artista exterioriza a través de un montaje donde la participación de las pinturas funcionan primordialmente como imágenes cuidadosamente elaboradas. Estas imágenes bien podían ser impresiones digitales contundentes y no restar validez al mensaje. Sin embargo, lo importante en la acción de Castillo no es, en esta etapa por la que atraviesa, tanto el resultado final, sino el proceso seguido, del cual las obras son rastro y excusa de pensamiento.

Al final, todavía, la sujeción matérica de artista le conduce a la creación palpable, caligráfica y bidimensional en la intención de comunicar sus inquietudes más profundas. En todo este natural afán que subyace en el artista como productor de piezas se apunta, como en su pensamiento y en sus preguntas, una inclinación creciente en su proceso hacia lo inmaterial o colectivo que está por despertar cuando reconozca en su labor de artista una esencia de mayor alcance que el producto mismo.

 
 
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