Todo empezó cuando se me ocurrió sacar nuevamente a la luz cierta cantidad de obras de pequeñas dimensiones, esencialmente dibujos. Me era preciso contemplar la reducción de los espacios de exhibición para que el conjunto no se perdiera en medio del desproporcionado cubo blanco. De esa decisión nació la idea de laberinto o, más exactamente, de dispositivo laberíntico. Al igual que en todo laberinto, se busca y se fomenta la desorientación y el juego, pero no hay aquí un verdadero centro, ni un punto final al cual llegar. Y aun cuando hubiera una meta, se deja a cada quien completa libertad para elegir los medios de alcanzarla; sin excluir, e incluso promoviendo, la posibilidad de internarse en repetidas ocasiones por el o los mismos pasillos. El título de la exposición nace de un texto que Henri Michaux publicó en 1981; una breve antología de aforismos llamada Poteaux d’angle. Uno de los más sucintos de esos textos cortos suena a haiku japonés: Esquiador en el fondo de un pozo. El esquí es una práctica en la que la velocidad, y por ende el movimiento, se conjugan con la libertad, mientras que el pozo –y especialmente el fondo del mismo– es más bien sinónimo de inmovilismo y de privación de libertad. Esquiador en el fondo de un pozo es pues un contrasentido, la expresión de algo absurdo, de una paradoja ¡tan humana! Para el espectador uno de los hilos de Ariadna de este Esquiador en el fondo de un pozo consistirá en identificar lo que separa o acerca las obras que lo componen, en ubicar grupos que conforman nudos de la red. Una cita de Gilles Deleuze funciona para explicarlo: Pensar en términos de líneas movedizas, así operaba Herman Melville, y había líneas de pesca, líneas de buceo, peligrosas e incluso mortales. Hay líneas de sedimentación, dice Foucault, pero también líneas de ‘fisura’, de ‘fractura’. Desmarañar las líneas de un dispositivo, en cada caso, equivale a elaborar un mapa, cartografiar, recorrer tierras ignotas, y a eso él le llama ‘trabajo de campo’. Es preciso instalarse sobre las líneas mismas, que no sólo componen un dispositivo, sino que lo atraviesan y lo arrastran, de norte a sur, de este a oeste, o en diagonal. Los administradores de una cava me confesaron una vez que habían probado y disfrutado cada uno de los vinos allí ofertados, y que en recuerdo de aquel placer proponían esas botellas a la venta. Se me antoja usar el mismo argumento, por fútil que parezca, para justificar la presencia de cada una de las obras elegidas aquí. |