ARTEVEN.COM Arte Contemporáneo | LETICIA BARRADAS - Arte Digital, Dibujo, Ilustración / México
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TRAYECTORIA
1972 Ciudad de México.
Licenciatura en Diseño Gráfico. Universidad la Salle. México, D.F. Experiencia profesional. Ilustraciones y colaboraciones para Editorial Santillana, Alfaguara Infantil, Editorial TELEVISA, Fernández Editores, Richmond, Lectorum, Editorial Diez: Revista Vértigo, Expansión, Grupo Premier, Readers Digest, Revista Istmo, Caleidoscopio, Agencia Oscar Leal, SM, Condusef, Diario Milenio, Periódico Reforma, entre otros.
EXPOSICIONES INDIVIDUALES
2006 Mural efímero. Metro estación Consulado. Dirección Pantitlán. México, D.F. Recopilaciones. Universidad La Salle. Sala de Exposiciones Centro de Multimedios. México, D.F. Imágenes del infierno. Ateneo Español de México A.C. México, D.F. 2005 Por la boca muere. Pintura y obra digital. El Chisme Restaur-Arte. México, D.F. 1997 Obra reciente. Facultad de Arquitectura y Diseño, Universidad la Salle. México, D.F. 1995 Dibujos e Ilustraciones. Facultad de Arquitectura y Diseño, Universidad la Salle. México, D.F.
EXPOSICIONES COLECTIVAS
2006 Cuatro Mujeres en la Plástica. Museo de la Ciudad de León. León, Gto., México. Bigotonas. La Galería de Juana. México, D.F. 2004 La ilustración: la otra lectura. Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Xochimilco. México, D.F. Colectiva. Casa Universitaria del Libro, UNAM. México, D.F. Nómadas de oficio. Casa Universitaria del Libro, UNAM. México, D.F. 2003 Colectiva. Casa Universitaria del Libro, UNAM. México, D.F. 2002 Colectiva. Casa de la Cultura de Coyoacán. México, D.F.
Hp 267, 2006
TEXTO
LETICIA BARRADAS
Mtro. Fernando Figueroa Díaz
La singularidad de la artista Leticia Barradas en el campo de la ilustración y de la pintura no debe reducirse en lo absoluto a su condición femenina, en apariencia minoritaria en este ámbito de la creación plástica, y mucho menos hacer rebaja anecdótica de su obra pues sus raíces están hincadas en una disciplina constante. Su talento radica en el poder para convertir por igual la jactancia humana, nefasta y prejuiciosa, como la insobornable altivez de la dignidad e, incluso, las más legítimas aspiraciones de mejoría en justicia y verdad, nunca práctica por cierto, en testimonio ilustrado del tiempo que nos tocó vivir.
Su reflexiva afectividad, la metáfora de sus ideas, el trazo profundo que recoge lo fundamental de un acaecer en la vivencia cotidiana, no le impide puntuar con mirada certera lo que hay de trascendente en la sensibilidad lírica de sus composiciones, lo atinadamente justo de las siluetas de que se sirve y, por sobre todo, su habilidad para hacer semblante de las cosas a partir de inusitados ensambles infantiles. Con ello, su comentario figurativo deslinda con claridad cuestiones de nuestra actualidad que alardea de una coherencia postiza persistentemente inoportuna y gratuita complejidad. Así, la cotidianeidad que miramos al pasar, decididamente laica y pragmáticamente utilitaria, da la impresión de querer mantenernos separados del mundo y ajenos a sus vicisitudes, obligándonos a movernos en ella con aplicada resignación.
Ahí donde la forma recorta al fondo es donde surge precisamente la ligadura entre un guiño de ojo y un entrever maliciosamente ingenuo, no carente de propósito. Asistida por ordenador o en el trazo a mano alzada, Barradas es capaz de comunicar ese otro sentido de lo aparente, el aspecto cáustico de su apreciar, pues su obra establece una ecuación mínima, económica, que amarra el discurso del entredicho para establecer una ligadura entre quien mira y el asunto a tratar. Implanta así un lazo social efectivo que emana de su obra, lo aceptemos o no. Toda comunicación posible que establece está dotada de innumerables evocaciones y señalamientos que hacen del discurso, que se sostiene en entre líneas, en entre figuras, una verdadera causa y motor de su palabra en tanto crítica proactiva.
Borregos alados, asnos festivos, payasos aislados o navíos celestes de su repertorio analítico, plantean la situación de lo que uno puede encontrar a la vuelta de la esquina, en pasajes subterráneos del Sistema Colectivo o en sesiones plenarias sin quórum, pues, en los viejos y nuevos tiempos, todo es posible. Leticia Barradas hace del desmembramiento colérico de la cosa pública motivo de reflexión e introversión que permite que todos los elementos allegados se transformen en otros, como si en efecto existiera alguna razón que explicara los hechos a que alude. Parece, incluso, tarea de la fortuna, evidenciar, sin ofensa grotesca, alabanza gratuita o piadosa contemplación, lo que en efecto nos atañe. Estos serían, quizá, los argumentos y las bases políticas de un quehacer que no pasa ni puede pasar de moda, porque no hay memoria de silicio que pueda competir con la resuelta imaginación y creatividad humana.