Ajena a las redes del mundo artístico, su teorización y las tensiones del mercado, María José de Simón se rodea de la serenidad impregnada en la vegetación en torno a su taller, acompañada de su propia búsqueda, y es, entonces, cuando se entrega con determinación al desafío de la pintura. Con probado dominio del color y sus alcances, la pintora española (Santander, 1963- ) ha entendido, en la serie de cuadros que nos presenta en esta muestra titulada Influencias, que ponerle límites al cromatismo desencadena una potencia ulterior, más significativa y rica: más poderosa. Y no podría ser de otra manera, de Simón transcribe a la pintura su persona: un carácter energético, de temperamento decidido. Tonos negros, grises y blancos estructuran un curso unificador en una producción primordialmente vinculada a los ocres pero no exenta de excepciones de viveza de color. Dota al lienzo de una gestualidad que se incrementa a través de la violencia del esgrafiado, liberando una energía compuesta que intenta rebasar las fronteras del lienzo. En las pinturas que conforman la exposición Influencias, María José de Simón parece intuir una relación estrecha entre su intensidad personal y la que se suscita en la sociedad actual: una de límites transgredidos donde sólo existe posibilidad. |