Es para mí y para la Junta de Gobierno de esta Corporación Profesional, una satisfacción presentar la exposición Vertical del fotógrafo murciano Ángel Fernández Saura. La muestra pone de manifiesto el carácter universal de las ciudades, de sus entornos y de sus edificios “provocando” la apertura de la ciudad de Almería para acoger a otra ciudad, Nueva York, como si se tratara de una segunda piel. Es un concepto diferente de exposición por el que su recorrido visual invita a entender el trabajo de su creador, ya que ha sabido distinguir la metamorfosis de una ciudad moderna, entendida ésta como idea y también como expresión artística. Cuando Fernando Barrionuevo nos propuso presentar esta muestra conjuntamente en nuestro Colegio y en MECA Mediterráneo Centro Artístico, nos pareció que era necesario llevarlo a cabo, por varias razones, siendo una de ellas nuestro deseo de impulsar la promoción y la difusión del Arte Contemporáneo en Almería. En este sentido considero que es una gran oportunidad para contemplar una propuesta innovadora que provoca la participación directa del ciudadano. Esteban Fernández Romero Presidente del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Almería
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La fotografía como documento constata y exhibe un hecho. El hombre encontró en el medio fotográfico el arma más eficaz para recordar vivencias, manifestar pensamientos o atrapar una fracción de la realidad que, tras el proceso de captación, se convierte en otra realidad, la del fotógrafo. El documento abarca una gran campo de posibilidades interpretativas, puesto que el tema o asunto descontextualizado adquiere una libertad explicativa que le confiere a la imagen diferentes significados, dependiendo del espectador y de sus conocimientos del medio. No obstante, en ella siempre aparece latente la idea primigenia por la que el artífice realizó esa obra. Las fotografías de una ciudad, generalmente, nos retrotraen a un lugar y a un tiempo. La imagen se convierte en un documento estricto pero subjetivo, puesto que en el resultado final influyen muchos condicionantes. El fotógrafo se define en cada acto que realiza, siendo su imagen el reflejo de su propia vivencia, sentimiento o reflexión sobre lo que contempla o quiere expresar. La personalidad del artífice se entremezcla con el propio documento, su idiosincrasia se manifiesta en cada imagen y se convierte, por tanto, en representación de sí mismo. Las ideas quedan plasmadas sobre un soporte que las hace pasar del mundo etéreo al espacio material. Ángel Fernández Saura pertenece a una generación de fotógrafos que supieron comprender y defender, en un momento de cambio, la esencia expresiva que tiene la fotografía. Artífices que la entendieron como acto creador de un autor concreto e individual que encierra un lenguaje expresivo. Un medio en el que queda definida una forma de ver y entender el mundo que nos rodea, encontrando en ella una vía de transmisión de ideas, a través de la cual interpretar todos aquellos conceptos que se encuentran en el ideario personal de cada autor. Debido a esta actitud, reclamaron para la fotografía todo aquello de lo que durante tanto tiempo se la había privado, practicando una imagen que ya no sólo constataba una realidad, sino que presentaba la realidad que habita en su propia mente. El documento arquitectónico efectuado por Ángel, nos lleva mas allá de la pura representación formal, donde el autor conjuga un juego de líneas y volúmenes plásticos que encierra en sus imágenes una personalidad muy concreta. Su forma de entender la representación acerca, en algunos casos, la realidad a la irrealidad y, en otros, representa las masas integradas en su conjunto. El color, en este caso, ocupa su papel expresivo puesto que, bien juega a resaltar cada uno de los elementos que componen las diferentes composiciones, bien a fusionar, quedando tan solo expresados por las líneas que encierran su forma. Nueva York, ciudad compleja y dinámica, donde las culturas se entre mezclan y los edificios atestiguan la trama urbana, ordenada en horizontal y difusa en vertical, son atrapados en sus obras, presentándose como protagonista principal de una manifestación de ideas. Todo ello es tomado con una visón documental de testigo firme y, a la vez, estética, donde el juego de la abstracción de la realidad confunden la visión, producida por la elección del ejecutante de las grandes masas constructivas, las cuales son resaltadas mediante sus líneas plásticas y estéticas. El conjunto, de la mano de este autor, es siempre mostrado con una manifiesta plasticidad. Igualmente, las vistas de una ciudad, que bajo nuestro prisma se convierten en atemporales, tan sólo cambiantes por el devenir humano, son expuestas como testigo inmutable de un lugar, pero no, así, de un tiempo. Del mismo modo, el hombre en este caso aparece inserto en ellas como elemento inseparable de la urbe. Sus fotografías evocan, documentan e imbuyen las sensaciones que el autor percibió y experimentó al enfrentarse a esta ciudad. |