El título de esta exposición marca una memoria nostálgica, la cual ha sido una constante en la poética de Mónica Dower. La artista borda en torno a ese vacío que nos ha quedado al ser arrancados del alma mater, y que condiciona nuestra relación con el mundo y con los signos del mundo. Entre nosotros y el allá (la condición primigenia) median estos signos, como vehículos que trasladan nuestro pensamiento y nuestra nostalgia al objeto original, que a fin de cuentas, con insalvable distancia de su ser natural, acabamos fabricando. Ahora bien, la oposición civilización/naturaleza ha sido tradicionalmente abordada por el arte para referirse a esa condición nostálgica. Al incorporarla con la fuerza de su creatividad, Mónica Dower es claramente consciente de la doble condición de sus signos, como representaciones y al mismo tiempo como objetos liberados de su relación original con el mundo; esto es, como formas que contienen su singularidad artística. Mónica nos explica: "Cuando era niña vi una exposición en la cual una mujer dejaba unas mantas extendidas en el suelo, que eran pisadas por unos elefantes. En su trayecto, estos dejaban sus huellas y la exposición consistía, justamente, en mostrar las huellas de sus pisadas. Desde entonces, sorprendida por la magia de este traslado de lo natural a lo cultural (y por la originalidad del suceso) soñaba con jugar con mis huellas, que contienen mi identidad “más real”. Al fijarse mis huellas digitales en mi obra, sustituyen la firma convencional, cultural, que supuestamente me signi-fica. Las huellas son más mías y establecen un contacto personal mucho más auténtico y confiable con el mundo representado y con la obra en sí. Además, las huellas son el vínculo que estrecha mi ser más profundo con la obra; así, ésta no fue sólo un proceso mental." Instinto y conocimiento. Naturaleza y cultura. Realidad y ficción. Estas polaridades (relativas) abren un campo de complejidad en el que nos sitúa la obra de la artista. La observo: la palabra, la mujer cargando al hombre, el árbol de doble ramaje, el hombre atravesado en su sueño por la naturaleza... Metáforas que nos dicen cosas que de otro modo no se podrían decir; que nos restituyen la unidad perdida con la naturaleza, el ideal del idílico retorno. Bellas y exactas metáforas de Mónica Dower: gustosamente nos recuerdan la posibilidad y el placer de construir, de ser naturaleza y cultura, de ser realidad e invención de nosotros mismos. |