Ambiente sonoro y espacio público.
Radicado desde hace más de una década en Alemania, Minard ha hecho numerosas obras de sitio específico alrededor del mundo, además de desempeñarse como profesor de música electroacústica en la Escuela Superior de Música Franz Liszt en la ciudad de Weimar.
El salto de la composición musical al uso de espacios públicos para realizar instalaciones sonoras —y no sólo piezas para conciertos— lo da el artista a partir de su experiencia con el entorno urbano de Montreal, la proliferación de la música ambiental para lugares públicos en la década de los 80 y la sonoridad característica de una ciudad, lo que en su opinión ha generado un ambiente sonoro cada vez más contaminado.
Robin Minard tomó esta situación como un reto para generar piezas sonoras capaces de transformar la experiencia del transeúnte con respecto de sus habilidades auditivas y a la percepción de un ambiente específico conocido.
Las dos influencias musicales que el propio artista identifica en su trabajo como definitorias de su lenguaje sonoro son, por un lado, la música concreta desarrollada en París por Pierre Schaffer en 1948; y por otro, la música electrónica, cuya teoría y práctica fue moldeada en gran medida por el compositor alemán Karlheinz Stockhausen en su estudio de Colonia en los años 50.
Ambas corrientes, detalla Santoscoy, tienen en común la experimentación con herramientas tecnológicas o técnicas electroacústicas. La música concreta, por ejemplo, ya no utiliza sonidos producidos por instrumentos, más bien recurre a cintas de sonidos captados por una grabadora y que después son utilizados para generar una pieza musical.
Minard usa este principio y decide lidiar con el contenido simbólico de sonidos reales, es decir, crea sonidos en su estudio muy similares a los que podemos escuchar en la naturaleza o en un espacio urbano y los convierte en una instalación sonora que responde a un contexto específico que juega con las analogías perceptivas del espectador.
Proyecto en el Museo Tamayo.
Como se mencionó antes, OUTSIDE IN está conformado por dos piezas. La que emplea 16 placas de plexiglás azul –característico en varias de las instalaciones de Minard– con las que construyó una instalación sonora de 16 canales, ocupa una parte del jardín ubicado frente al museo. En esta zona el sonido generado por las bocinas, que se encuentran colocadas debajo de estas placas, crea un efecto sonoro que simula cascadas de agua muy sutiles.
Las placas de color azul y su disposición a nivel del piso recuerdan formaciones escultóricas minimalistas. El público entrará en contacto con esta pieza conforme se acerque a la entrada del museo, misma que lo prepara para la segunda experiencia de este tipo en el interior del edificio.
En la instalación de adentro, añade la curadora, el artista utilizó las nueve ventanas del patio central para colocar diminutas bocinas que simulan formas orgánicas y emiten un tenue sonido para crear un ambiente igualmente ambiguo en cuanto a la identificación de matices auditivos y que pretende interactuar con este espacio.