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LOS CONFINES DE LA PINTURA.
Una revisión del acervo del Museo Tamayo Arte Contemporáneo.
Museo Tamayo Arte Contemporáneo / México, D.F.
hasta el 28 de enero de 2007
 
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ARCANGELO IANELLI (Sao Paulo, Brasil, 1922)
Ruptura, 1976 / temple sobre tela
 
 
LOS CONFINES DE LA PINTURA.
 
La exposición Los confines de la pintura es una revisión del acervo del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, que muestra parte de las manifestaciones y posturas derivadas del proceso autocrítico por el que pasó la pintura durante las primeras décadas del siglo XX.

Esta nueva lectura de la colección permanente estará abierta al público del 30 de agosto de 2006 al 28 de enero de 2007, con 26 obras de artistas estadounidenses, latinoamericanos y europeos, representativos de distintas tendencias del abstraccionismo.

Tatiana Cuevas, curadora asociada del Museo Tamayo y de esta revisión, explica que desde principios del siglo pasado las tendencias abstractas buscaron reducir la pintura a sus elementos fundamentales mediante composiciones simplificadas en torno del color y la forma. Esta propuesta se convirtió en una postura de rechazo a las imposiciones narrativas de la literatura y de la “contaminación tridimensional” propia de la escultura y la arquitectura.

Con obras de Adolf Gottlieb, Hans Hartung, Günther Gerzso, Robert Motherwell y Mathias Goeritz, entre otros, Los confines de la pintura conduce al espectador a apreciar ciertas expresiones del movimiento abstracto, pues mientras unos artistas apostaron por la exclusiva depuración de la pintura, otros hicieron uso de los mismos fundamentos puristas, pero sin hacer de lado algunos elementos volumétricos.

Esta selección forma parte de la celebración del 25 aniversario del Museo Tamayo, que entre sus objetivos contempla realizar lecturas de la colección de arte internacional que Olga y Rufino Tamayo donaron al museo, con el fin de enriquecer el sentido crítico y la experiencia del público.

 
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MATHIAS GOERITZ (Danzig, Alemania (ahora Gdansk, Polonia), 1915 - México, D.F., 1990)
Mensaje XV, Levítico XX:18, 1959 / mixta sobre fibracel
 

En busca de una definición de la pintura.

Tatiana Cuevas indica que gran parte de las exploraciones del arte moderno se enfocaron a la definición de la autonomía de las disciplinas artísticas. Al someterse a un proceso de autoanálisis, el común denominador para defender las particularidades de cada medio (escultura, arquitectura, literatura, música) recaía sobre sus cualidades materiales.

En este sentido, la pintura se definió a partir de lo que la hacía única en relación con las otras manifestaciones artísticas: la superficie plana y limitada que constituye su soporte.

Con base en tal noción, los artistas abstractos consideraron que el plano pictórico debía ser abordado como un soporte llano sin relatos que contar, acontecimientos históricos que celebrar o paisajes que representar. La pintura debía sortear las tentaciones de hacer uso de la perspectiva para simular un espacio real o de sugerir volúmenes a través de juegos de luces y sombras, que sólo pueden existir en el espacio tridimensional. Si la pintura es fundamentalmente una superficie bidimensional, debía explotarse como tal para definirse a sí misma.

De acuerdo con la curadora, Clement Greenberg (1909-1994) fue uno de los críticos más influyentes en el proceso definitorio de la pintura moderna a través de sus valores esenciales. En sus ensayos se manifestaba en contra de lo que él consideraba un permanente estado de confusión de las artes, el cual se había generado a partir de la fuerza que ejercía una disciplina prototípica –hasta ese momento la literatura; tal influencia había pervertido y distorsionado a las otras ramas artísticas al imponer temáticas que las distraían del medio en que se desarrollaban.

El crítico estadounidense establecía que la expresividad del movimiento abstracto no buscaba comunicar idea o noción alguna, sino revelar sensaciones más directas e inmediatas de la experiencia particular de cada medio.


Las exploraciones de la superficie.

Los confines de la pintura presenta algunas de las manifestaciones de la tendencia abstracta que surgieron como resultado de ese proceso de evaluación de la pintura. Se incluye, por ejemplo, el trabajo de Helen Frankenthaler, Robert Motherwell, Adolf Gottlieb y Mark Rothko, a quienes Greenberg apoyó como promotor convencido del expresionismo abstracto y la abstracción pos-pictórica en Estados Unidos.

Cuevas apunta que en estas piezas el espectador puede observar varias características greenberguianas: el uso de color como elemento liberado de la función denotativa de un objeto; el rechazo a toda ilusión de espacialidad, así como la simplificación de las formas que se acomodan casi instintivamente siguiendo los bordes del lienzo. El plano pictórico es utilizado por estos artistas en tanto superficie bidimensional y contenida que se presenta a sí misma.

Cabe destacar que el énfasis en el carácter llano de la pintura está presente en todas las piezas que constituyen esta selección. En ella se aprecian obras de artistas como Victor Pasmore, Hans Hartung y Pierre Soulages, quienes apostaron por la abstracción pictórica en Europa, décadas antes de la expresión más radical de las posiciones greenberguianas en la pintura estadounidense.

También se exhiben pinturas de Günther Gerzso y Arcangelo Ianelli, artistas que adoptaron algunos de estos fundamentos puristas sin abandonar el uso de elementos volumétricos y materiales que hubieran sido mal vistos por la corriente más ortodoxa de la abstracción que buscaba la depuración de la pintura.

Asimismo, las investigaciones en torno de la definición de la pintura motivaron el uso de sus fundamentos en otros soportes, como lo hicieron Motherwell y Theodoros Stamos con el tapiz, con lo cual el plano pictórico se adentró al campo del diseño y las artes aplicadas. Otra de las consecuencias de dichas indagaciones fue la introducción de este elemento inherente a la pintura en medios tridimensionales como la escultura.

Paradójicamente, indica la curadora, la idea del plano en el sentido de elemento irreducible de la pintura llegó a manifestarse en obras escultóricas que restringen el volumen en la utilización de planos sobrepuestos, como la obra de David Smith incluida en la muestra, o en el realce de lo que sucede en el plano pictórico, cuyo caso es el de las piezas de Mathias Goeritz y Eduardo Chillida.

El proceso autocrítico que experimentó la pintura moderna fijó rígidas fronteras que eventualmente lo encaminaron a un callejón sin salida. Las diversas prácticas del arte desarrolladas paralelamente a las convicciones establecidas por la escuela de Greenberg no tenían cabida dentro del cada vez más reducido grupo de artistas que se inclinaban por la exclusiva depuración de la pintura.

El dogmatismo de Greenberg fue ampliamente debatido durante los años 60 y 70. Sin embargo, sus principios continuaron ocupando un lugar central en las discusiones de los teóricos del arte, pues significaron un ejercicio filosófico que no sólo superaba los factores antes considerados como limitantes del medio, sino que modificaron por completo la percepción tradicional de lo que debía ser la pintura.

 
 
MUSEO TAMAYO ARTE CONTEMPORÁNEO
reforma y gandhi s/n
bosque de chapultepec
méxico, d.f.
tel. +52 (55) 5286 6519

www.museotamayo.org
 
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