Las similitudes entre las conductas humanas y las animales -mediante la imitación del comportamiento de una especie de cangrejo- son exploradas en la película de la artista brasileña Brígida Baltar
Maria Farinha (
Cangrejo fantasma), 2004, que presenta el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, a través de
Panorámica del 24 de octubre de 2006 al 28 de enero de 2007.
Tras haber presentado los videos de T.J. Wilcox y la película de Jonas Mekas, Panorámica cierra 2006 con una obra de Baltar, en cual la figura femenina resalta y a la vez se mimetiza con el paisaje de una playa de Brasil.
La proyección de esta película de 16 mm transferida a DVD es continua (loop), de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas, en el área conocida como Muro, en el edificio del Museo Tamayo, que este año conmemora su 25 aniversario.
Paola Santoscoy, curadora del proyecto, explica que el video constituye una de las partes fundamentales en el universo artístico de Brígida Baltar, quien además dibuja y toma fotografías. En su obra, la imagen en movimiento tiene un papel central como herramienta de registro y le da una dimensión estética a los actos performáticos que realiza.
Entre sus trabajos se encuentra la documentación de acciones conscientemente construidas para la cámara. Este es el caso de Maria Farinha, una obra para la cual Baltar invitó a la actriz Lorena da Silva a colaborar con ella, situación distintiva pues por lo general es ella quien funge como personaje principal.
Esta película explora las semejanzas entre las conductas humanas y las animales a través de la imitación del comportamiento de un cangrejo conocido como cangrejo fantasma. Entre las características que definen a este crustáceo, se encuentra su capacidad para imitar el color de la arena con el fin de esconderse de sus depredadores. Además, el cangrejo fantasma es capaz de hibernar durante seis semanas al año reteniendo la respiración. Este animal habita las costas de Brasil, sobre todo en las playas de Maria Farinha, razón por la cual se le conoce bajo ese nombre en la localidad.
Santoscoy cuenta que la película se desarrolla en la playa brasileña donde la cámara de Baltar literalmente persigue a la “mujer-cangrejo” al tiempo que ésta va desesperadamente cavando agujeros con las manos, mirando a su alrededor con gesto paranoico y corriendo. En un momento determinado cava un hoyo de gran profundidad e introduce la cabeza en él, como escondiéndose de algo. En ese instante se ve, a través de un marco circular, a la “mujer-cangrejo” sentada en el borde de una pequeña embarcación contemplando el horizonte.
La música que acompaña los movimientos del personaje se vuelve apacible, lo que lleva al espectador a pensar en una especie de visión, en una situación que puede relacionarse con el sueño y la vigilia. De acuerdo con la curadora, este punto es crucial, pues la artista cuestiona al personaje y su psique.
Las preguntas que surgen son: ¿se trata de una situación imaginaria?, ¿la imagen del bote se refiere a la vigilia y todo lo demás a un sueño o una memoria? O bien, ¿la imagen del bote es el sueño? En el instante en que la “mujer-cangrejo” sumerge la cabeza en la arena y se visualiza sosegadamente conecta de lleno con una actitud absolutamente humana: la imaginación. Ante los ojos del espectador, los movimientos del cangrejo resultan erráticos, frenéticos, desesperados: todas estas son asociaciones relacionadas con la psicología.
La obra no está estructurada a partir de una narración, sino en una sucesión de momentos donde se repite la misma acción, provocando un sentimiento de búsqueda continua. A diferencia de trabajos realizados por otros artistas en 16 mm -en que la calidad de la imagen del formato funciona para establecer asociaciones relacionadas con la memoria- la obra de Baltar muestra una preocupación más cercana a la composición de la imagen que a la nostalgia del pasado.
Su formación como artista y el uso de otros medios como el dibujo y la fotografía, indica Santoscoy, probablemente la conducen a buscar un balance de color en los encuadres por encima de un discurso narrativo. En esta obra -como en otras anteriores en las que registra la imposibilidad de recolectar sustancias atmosféricas como la espuma de mar o la brisa (Coletas, 1996-2006)- la figura femenina es la que resalta y a la vez se mimetiza con el paisaje.