Hablamos de Sólo Uno es el nombre de la exposición que
Patricia Torres presentará en la galería Polanco en la ciudad de San Francisco, California, el próximo 15 de Septiembre. Permanecerá abierta hasta el 15 de Octubre de 2005.
Esta exposición reúne un total de 15 piezas, todas ellas parte de un proyecto que Patricia Torres ha venido desarrollando por algún tiempo sobre el cuerpo, desde donde la artista ha explorado la intima relación entre los órganos y fluidos corporales con aspectos sociales, políticos y de poder.
La obra crea una fricción provocadora al presentar partes del cuerpo femenino, subrayadas o definidas con objetos convencionales, que al mismo tiempo adquieren ciertas analogías orgánicas enfatizando y dejando una constancia de la relación entre la percepción social y las diferentes partes del cuerpo.
A los condicionamientos sociales y sexuales de las distintas partes del cuerpo y de las diferentes funciones se refiere la artista con piezas bien logradas, con una interesante solución de la composición en planos.
El crítico de arte Luis Carlos Emerich ha dicho de la obra de Torres lo siguiente: “La figura femenina que presenta genéricamente a la mujer en la obra de Patricia Torres, es invadida o agredida por objetos flotantes perfectamente identificados (mesas, sillas, platos, accesorios y aparatos de cocina) que por su deliberadas analogías orgánicas humanas adquieren calidad simbólica.
El tema de Torres es la consabida erotización de la parafernalia hogareña, irónicamente presentada, por una parte, como una prisión sicológica, y por otra, como un estimulante sujeto formal para crear composiciones plásticas singulares.
Reconocidos como instrumentos de penetración y objetos penetrables, los enseres domésticos crean las tensiones de esta invasión de la paz hogareña y de la supuesta pasividad de la mujer para revelar la complejidad de los vínculos simbólicos creados por la rutina (mecanización) y la costumbre (sometimiento) entre los seres y las cosas.
Sin embargo, el mayor atractivo de las pinturas de Torres radica en la intención compositiva de todos esos elementos sobre un primer plano de interacción entre seres y enseres a manera de enfrentamiento entre contendientes sexuales con los mismos potenciales adquiridos al “zafarse” de la maquinaria doméstica “descompuesta”. Por ello, las relaciones de penetración y rechazo, de desmembramiento y conjunción, se remontan a dimensiones metafísicas para las que el uso del color (tonos sombríos a base de sienas entre los cuales ocasionalmente destaca un rojo o un azul), establece el clima para conjugar lo siniestro latente con lo deseable recóndito.
Las soluciones meramente visuales de las tramas entre la figura humana y las analogías objetuales con parte clave del cuerpo humano, que dan lugar al juego compositivo de planos a manera fragmentados como “realidades” sobrepuestas, denotan el predominio de su interés por una dinámica formal que resulte multilegible en lo esencial”.